Boletín de Música Casa de las Américas, 2003 11-12: 3-18. 3 El trópico baja al sur: llegada y asimilación de música cubana en Chile, 1930-1960 Juan Pablo González “Nosotros nada hacemos por proteger la pureza de nuestro arte popular – escribe Pedro Humberto Allende en 1935-; libres están las fronteras para que penetren a nuestro país toda esa literatura y música perversa, canallesca que, empezando por los cabarets, continúa su invasión malsana, corrompiendo el gusto artístico de la inmensa mayoría. Así vemos que los tangos, las rumbas y la música falseada de los negros norteamericanos, desplazan a nuestras nobles tonadas y cuecas chilenas.” (El Mercurio, 1/ 1/1935) Este amargo comentario de quien fuera el primer músico chileno en recibir el Premio Nacional de Arte, alguien que siempre estuvo atento al entorno musical que lo rodeaba, deja entrever el alto nivel de penetración que alcanzaban en Chile los bailes afroamericanos a mediados de la década de 1930. Podremos culpar de esta invasión a los intereses comerciales de una industria musical que ya daba claros signos de madurez, y a la falta de protección de la cultura nacional por parte del Estado chileno. Sin embargo, también hay que considerar las propias necesidades del público y de los músicos nacionales, que encontraban en el tango, la rumba, o la guaracha, formas de expresión que los identificaban como habitantes de un continente mestizo que intentaba resolver la compleja ecuación entre identidad local y modernidad 1 . El siglo XX permitió como ninguno intensificar el proceso de integración latinoamericana mediante la música popular. Atrás quedaban los largos viajes en barco, la privacidad de los salones y la exclusividad de la partitura, ahora habrá espacios públicos de diversión para todos; la música circulará en discos, ondas radiales y películas; y los propios músicos locales, convertidos en “estrellas” por la nueva industria musical, aspirarán a abarcar un mercado internacional, incrementando sus giras y estadías artísticas en los países latinoamericanos. Este proceso se consolida como tal a mediados de los años veinte, y a los artistas del cuplé y la zarzuela en gira por América Latina –mayoritariamente españoles-, comenzarán a sumarse músicos y cantantes argentinos, mexicanos y cubanos, que serán los que definan con mayor fuerza entre los años veinte y cincuenta la estética y el mercado de lo latinoamericano en música. La llegada de música argentina a Chile era un hecho natural, debido a que ambos países comparten importantes áreas culturales en torno a la Cordillera de Los Andes y al extremo Sur –representadas por la tonada y la ranchera ternaria, respectivamente-; a que se desarrolló una temprana comunicación ferroviaria entre Valparaíso, Santiago, Mendoza y Buenos Aires –que permitió la llegada de músicos de tango al país-; al constante flujo de inmigrantes entre el sur de Chile y 1 Este artículo surge del proyecto FONDECYT “Historia social de la música popular chilena, 1890- 1950” desarollado en la Universidad Católica de Chile por Juan Pablo González y Claudio Rolle.