Diez años de la OTAN en Afganistán por Aleksandro Palomo Garrido a invasión de Afganistán por parte de Estados Unidos hace diez años dio lugar a una prolongada ocupa- ción del país. El estancamiento en la resolución del conflicto parece acercarse a un punto de inflexión. Es difícil predecir los acontecimientos, pero ya nadie cree en la victoria de la OTAN. Los más pesimistas pre- sienten la expansión del conflicto a nivel regional. Antecedentes Estados Unidos contó con el respaldo de la comunidad inter- nacional y de la ONU, que consideraron probados los vínculos de Al Qaeda con los talibanes y, por tanto, quedaba formal- mente justificada una acción de legítima defensa por parte de Estados Unidos contra Afganistán. El Consejo de Seguridad de la ONU legitimó el ataque con la designación de una fuerza de intervención, la ISAF 1 , bajo cuya cobertura se desplegarían las acciones militares y la ocupación del país, a partir de finales de diciembre de 2001. El objetivo oficial de la invasión de Afganistán era encontrar al líder de Al Qaeda, Osama Ben Laden, al mismo tiempo que se derrocaba al impopular régimen talibán. La operación “Liber- tad Duradera” se puso en marcha el 7 de octubre de 2001 con la participación de los ejércitos de Estados Unidos y Gran Bre- taña, apoyados por una pequeña fuerza multinacional, y por la Alianza del Norte, un grupo opositor afgano a los talibanes 2 . También prestaron su cooperación en cuestión de infraestruc- tura numerosos Estados del entorno, como Rusia e Irán. Tras varios días de bombardeos que desarticularon las fuerzas mili- tares de los talibanes, las tropas de la Alianza del Norte pudie- ron avanzar sobre Kabul. Finalmente, la capital fue tomada el 13 de noviembre de 2001. A pesar de la victoria, Ben Laden no fue capturado 3 . Se nom- bró un nuevo gobierno afecto a Estados Unidos y dirigido por Hamid Karzai. Con el paso del tiempo se ha demostrado la debilidad de este gobierno títere, que apenas controla el territorio de Kabul y sus alrededores, por lo que la presencia militar aliada permaneció en el país. La OTAN asumió el control de la ISAF a partir de 2003. A partir de 2005, la situación comenzó a degradarse seria- mente. A medida que creció la oposición al gobierno de Kabul, aumentó la fuerza de los talibanes, que regresaron a controlar regiones del país y llevaron a cabo una guerra de guerrillas con- tra las fuerzas de la OTAN. Este hecho obligó a la OTAN a incre- mentar paulatinamente sus efectivos en el Estado asiático 4 . Las elecciones de noviembre de 2009 estuvieron rodeadas de la polémica por las acusaciones de fraude. La oposición renun- ció a presentarse a la segunda vuelta de las elecciones, lo cual supuso la reelección automática del presidente Karzai. El ries- go de que el descontento pudiera extenderse en forma de con- flicto armado hacia el norte, donde los líderes de la Alianza del Norte, excluidos por el gobierno de Karzai, están rearmándose y cuentan con el apoyo de Rusia y China, se hizo más patente. El fracaso de la solución política de Washington para Afganistán era patente. Estados Unidos no había valorado el largo plazo y sólo buscaba obtener ventajas inmediatas que se demostraron ilusorias. Afganistán se ha convertido en el ejemplo de un Estado falli- do. La corrupción afecta a todos los niveles, y de alguna u otra manera, a todos los actores implicados en el conflicto 5 . El nego- cio del cultivo y tráfico de la heroína financia tanto a los taliba- nes como al gobierno. En el norte, la Alianza del Norte no reco- noce la autoridad de Kabul y adopta una actitud de indiferen- geopolítica 26 / El Viejo Topo 287/ diciembre 2011 L