61 Miradas curiosas, temerosas e intencionadas… | LUIS ARCINIEGA GARCÍA MIRADAS CURIOSAS, TEMEROSAS E INTEN- CIONADAS A LOS VESTIGIOS DEL PASADO EN LA VALENCIA DE LA EDAD MODERNA* LUIS ARCINIEGA GARCÍA Universitat de València RESUMEN En gran parte de las tierras hispanas desde época medieval cristiana la mirada hacia el pasado se dirigió, por un lado, al más próximo y en el que se apreciaba un recuerdo de la victoria frente a lo musulmán, que en tierras valencianas se centraba en la conquista temporal del Cid y la permanen- te de Jaime I, lo que con el tiempo estableció una dual identidad; y por otro, hacia uno más lejano que aportara precedentes que legitimaran una idea de continuidad histórica. Parte de la tradición clásica permitía la evocación de los tiempos evangélicos, del martirio y finalmente del poder del cristianismo en su unión con el Estado, pero también podía ser asumida como impuesta, propia de una colonia, e incluso como pagana. Por esta razón, y como elemento de mayor primacía ge- nealógica, en una tierra bajo sospecha por el paréntesis de sometimiento y convivencia con otras confesiones, y a través de las licencias que otorgaba la distancia histórica, se estableció la conexión con el pasado bíblico. Desde el Renacimiento, con la difusión de la imprenta y la preocupación anticuaria desarrollada principalmente en Roma, el pasado y los vestigios probatorios del mismo se utilizaron en la recreación y construcción histórica que fijó el universo simbólico pergeñado en algunas facetas desde tiempo atrás. La imprenta permitió suscitar el interés de un público concernido, de modo que la construcción histórica no sólo quedó al servicio de aspiraciones dinásticas, sino aristocráticas, regnícolas, cívicas y, sobre todo, religiosas, puesto que gran parte de los cronistas procedían del seno de la Iglesia. Muchos de ellos tuvieron un contacto con el am- biente arqueológico romano y todos formaban parte de una cultura que otorgaba a las imágenes y objetos religiosos un poderoso valor conmemorativo. En este proceso desempeñó un notable protagonismo Pere Antoni Beuter, que en buena medida impuso el interés patriótico por el pasa- do a través de sus vestigios materiales, pero con un discurso intencionado que otorgó credibilidad a las afirmaciones medievales comprendidas entre Rodrigo Ximénez de Rada y Annio de Viterbo que fijaron los orígenes bíblicos en Tubal, nieto de Noé. Y ello, no sólo por el escaso desarrollo de algunas disciplinas auxiliares de la Historia, sino porque permitía un activista uso historiográfico. Las posibilidades expuestas dieron como resultado actitudes muy diversas e incluso contradicto- rias, lo que suponía un reconocimiento a los múltiples valores de los vestigios del pasado: histo- riográficos, rememorativos y sólo paulatinamente estéticos. Las circunstancias político-sociales y culturales justificaron una mudanza en la consideración de los diferentes periodos de conquista cristiana (Cid y Jaime I) y de la Antigüedad; en este caso, desde un recelo hacia teorías asociadas en gran medida al humanismo erasmista hasta una defensa por la actitud civilizadora de las imá- genes frente el iconoclasmo protestante. * Este trabajo se inscribe en el proyecto I+D “Memoria y significado: uso y recepción de los vestigios del pasado” (HAR 2009-13209), del Ministerio de Economía y Competitividad (antes Ciencia e Innovación) de España; y parte en algunos de sus contenidos de la contribución presentada al CEHA celebrado en Barcelona en 2008 (¿en prensa?).