55 Al andar se hace camino. Caminos, caminantes y maneras de andar Fernando Quiles García Universidad Pablo de Olavide E l camino existe, pero también se hace. Lo recitamos con Machado, lo conocemos por la historia y lo confirmamos en la práctica. Unas matas arrancadas, un bosque desbrozado, una senda abierta, dejan paso al camino, pero existe en cuanto que se usa. Entre silvicultores hay una palabra para nombrar una porción de terreno arbolado, rodal, que en el campo andaluz cambia de significado, como sinónimo de rodada, para nombrar la huella que deja en las tierras deforestadas o en cultivo el paso continuado de vehículos. Y siguiendo con la lírica imagen de Machado, se hizo camino en la antigua Grecia, peripateando entre los soportales («peripatoi») del Liceo ateniense, con el consiguiente beneficio intelectual. La escuela aristotélica hizo suya una práctica que ha dejado secuela en la modernidad. Se anda y se hace camino, entretanto se piensa y se construye pensamiento. Hacer y construir. El camino existe en cuanto se recorre. Y así también ocurrió en el medievo, cuando los peregrinos «hicieron el camino» a Santiago de Compostela; y sigue pasando en nuestros días con parecido afán. Personalmente he decidido en este trabajo hacer caminos siguiendo las experiencias ajenas, vertidas no tanto en la abundante literatura, como en la –no menos rica– prensa, que día a día nos da las nuevas coordenadas de este despliegue de rutas que transitan por los territorios hispanos. Una ligera ojeada a lo que se ha publicado muy recientemente me ha bastado para recrear un panorama vivo, tan rico como inabarcable, con experiencias en todos los países de habla hispana, adaptadas a las necesidades y también a los medios humanos y económicos de cada uno de ellos. Los periódicos ponen a nuestra disposición ingente cantidad de datos que apenas son aprovechados para el estudio del