http://seguridad.nexos.com.mx/?p=49 Mano dura: el populismo ante el crimen y las pandillas FEBRERO 27, 2017 Sonja Wolf El populismo punitivo se refiere a una estrategia que da prioridad a objetivos político-electorales sobre la reducción del crimen. Uno de los ejemplos más llamativos es la política represiva contra las pandillas que los países del llamado Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador) han implementado desde el 2002. El enfoque punitivo hacia la delincuencia es de larga data e incluye la adopción de leyes más severas y la participación del ejército en tareas de seguridad pública. En El Salvador, por ejemplo, las Fuerzas Armadas empezaron a apoyar a la Policía Nacional Civil (PNC) en 1993, supuestamente porque este nuevo cuerpo policial no estaba preparado para enfrentar la ola delincuencial de la posguerra. Si bien el despliegue militar no ha hecho más que crear una ilusión de seguridad, la intervención militar se ha prolongado por tiempo indefinido y parece haber eliminado cualquier incentivo para profundizar la reforma policial. Honduras, con los Planes Libertad Azul (2002-2003) y Mano Dura (2003-2005), fue el primer país en ponerse firme con las pandillas. Le siguieron El Salvador, con los Planes Mano Dura (2003-2004) y Súper Mano Dura (2004-2006), y Guatemala con el Plan Escoba (2003-2004). Supuestamente estas políticas buscaron controlar a las pandillas y disminuir las tasas de homicidio pero en realidad, perseguían fines político-electorales sobre todo en El Salvador. El partido conservador gobernante Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) quiso evitar la llegada al poder de su principal contrincante de izquierda, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (el FMLN). a estrategia punitiva contra las pandillas resulta atractiva para los votantes. Los principales grupos, la Mara Salvatrucha (MS-13) y el Barrio 18, han evolucionado a tal grado que actualmente están asociados a homicidios, extorsiones en el Triángulo Norte, así como con violencia sexual y desplazamiento forzado especialmente en El Salvador. En un inicio, las bandas juveniles centroamericanas eran pequeñas cuadrillas de barrio que reunían a adolescentes marginados en busca de amistad y distracción. Hacían fiestas, consumían drogas y representaban una molestia pública, pero no eran consideradas un asunto de seguridad. Todo empezó a cambiar a inicios de los noventa, cuando Estados Unidos intensificó la deportación de indocumentados con antecedentes penales, incluidos integrantes de la MS-13 y la Dieciocho. Ambos grupos se formaron en los barrios de inmigrantes de Los Ángeles que recibieron a los refugiados de las guerras en Centroamérica. Sin posibilidad de obtener asilo político, se vieron obligados a vivir en condiciones de pobreza y hacinamiento. Sus hijos, quienes se enfrentaron a la enajenación y el acoso de pandillas de aquella ciudad estadounidense, decidieron en algunos casos unirse a estos u otros grupos pandilleriles.