EL MANUAL DEL PALERO. PALO MAYOMBE: Siendo este el tema que domino me extenderé y profundizaré más que en los anteriores y con el permiso de Dios y de mi Muerto. Pues si, sépase bien que los paleros trabajamos con los muertos, somos los muerteros de la religión. Es la parte complicada de la misma ya que como dicen los Yorubas: ICU LEVI OCHA, “El Muerto pare al Santo”, es decir no hay Santo ni Ifá, si no hay Muerto. Mayombe es un vocablo congo que significa magistrado, jefe o superior, gobernador, denominación o titulo honorífico. Se llama mayombero al hechicero de tradición conga, oficiante de la regla que se conoce como palo monte, la cual rinde culto a los muertos y a los espíritus de la naturaleza. Mayombe es la íntima relación del espíritu de un muerto que, junto con los animales, las aguas, los minerales, las tierras, los palos y las hierbas, conforman el universo adorado por los descendientes cubanos de los hombres y mujeres traídos del reino de Manikongo. En la mayor parte el Eggun (Muertos) a que nosotros nos referiremos aquí es al Egguns de nuestras familias ancestrales. Esos que llevan los genes, nuestra composición de la vida, esos que están pegados a nosotros por generaciones de unos cientos de años, incluso este concepto cruza en esos que fueron iniciados por la misma persona, ellos llegaron a ser por el ritual y por omisión, nuestras familias ancestrales también. Aún nuestros Egguns pueden ser esos que en vida nos dedicaron tiempo para levantarnos a nosotros, para amarnos y en retorno nosotros hicimos la misma cosa por ellos. Esos que mientras tranquilo en el mundo del espíritu antes cruzar a esta Tierra hicieron la promesa para ser nuestros amigos para ayudarnos sin cuestionar estarían con nosotros. Esas gente que en la vida nos hicieron sentir bien y especial, ellos pasaron a formar parte de nuestros relicarios ancestrales, es por ello que nos guían desde el otro lado y nosotros los ayudamos alcanzar la vida eterna con nuestras oraciones. El culto a Egun- gun en Nigeria tiene un solo propósito, es de bajar los espíritus de esos que han pasado a la otra vida y por lo menos comunicarse una vez al año con ellos como si ellos estuvieran vivos. 1