Endocrinol Nutr. 2009;56(8):389-91 389 En los últimos años, la otrora plácida historia de la insulinoterapia ha sufrido diversos e inesperados giros. Estos sobresaltos se inician con la introducción de los análogos de insulina, moléculas destinadas, en teoría, a mejorar la calidad de vida de las personas con diabetes mellitus y, como consecuencia, la de los profesionales sanitarios. Véase como ejemplo la inducción de cáncer de mama en roedores del prometedor análogo rápido ASP B-10 (Novo Nordisk) 1 , las dudas sobre los efectos en progresión de la retinopatía de la insulina lispro (Li- lly) 2 o de la insulina glargina (Sanofi-Aventis) 3 , la reti- rada de la insulina inhalada Exubera (Pfizer) 4 y su aso- ciación con cáncer de pulmón, etc. Siguiendo con la perspectiva histórica, sorprende la generalización del uso de análogos a pesar de sus limitadas ventajas sobre las insulinas humanas y su mayor coste, y más produ- ciéndose poco después de la publicación del estudio que demuestra los beneficios del tratamiento con insu- lina regular y NPH en las complicaciones tardías de la diabetes mellitus 5 . Por el momento, el último episodio de esta historia se produce tras la publicación en Diabetologia de va- rios estudios observacionales que encuentran una aso- ciación entre el uso de insulina glargina y la aparición de cáncer, especialmente cáncer de mama. Según lo publicado, el caso empieza con el envío a la revista de un estudio llevado a cabo por el IQWiG (Institut für Qualität und Wirtschaftlichkeit im Gesundheitswesen) alemán, institución que adquirió notoriedad en el mun- do de la diabetología por concluir que las escasas dife- rencias en eficacia no justificaban el cambio de insuli- nas humanas por análogos. Se trata de un estudio de cohortes en el que los datos analizados provienen de la mayor aseguradora del país 6 , con un total de casi 18 millones de asegurados. El subgrupo estudiado venía definido por la edad (más de 18 años), la ausencia de diagnóstico o sospecha de neoplasia en los 3 años pre- vios, el diagnóstico de diabetes, la ausencia de trata- miento con insulina en el año previo y, finalmente, que el tratamiento fuera sólo con un único tipo de insulina no animal. Así las cohortes estudiadas fueron: insulina humana (n = 95.804), aspartato (n = 4.103), lispro (n = 3.269) y glargina (n = 23.855). El seguimiento se inició en enero de 2001 (primera inclusión) y finalizó el 30 de junio de 2005. El análisis inicial muestra una menor incidencia de cáncer (15%) en sujetos tratados con glargina que en los tratados con insulinas humanas. Sin embargo, al observar que las dosis empleadas con glar- gina eran claramente menores (mediana, 22 U/día fren- te a 37 U/día), y que existía una asociación evidente entre dosis de insulina y riesgo de cáncer, los autores estratificaron el análisis en función de la dosis diaria y observaron un riesgo relativo (RR) siempre superior para glargina que, a dosis de 50 U/día, fue de 1,31 (in- tervalo de confianza [IC] del 95%, 1,2-1,42). De los seis revisores del manuscrito, tres aconsejaron su pu- blicación y tres no. Conocedores de las implicaciones de la publicación de estos resultados de forma aislada, un consejo asesor de la European Association for the Study of Diabetes decidió contactar con epidemiólo- gos de Suecia, Escocia e Inglaterra para que exploraran en sus bases de datos si se confirmaba o se refutaba esta posible asociación. El estudio sueco 7 incluyó el seguimiento de 114.841 pacientes entre 35 y 84 años de edad a los que se había prescrito insulina en los 6 meses anteriores al periodo de seguimiento, que comprendió los años 2006 y 2007. Se definieron 3 grupos: glargina en monoterapia (5,2%), glargina en combinación con otra insulina (17,7%) y otras insulinas diferentes de glargina (77,1%). Tras ajustar por variables que pudieran sesgar los resultados (edad, tabaquismo, índice de masa cor- poral, edad de inicio de la diabetes mellitus, edad al nacimiento del primer hijo, enfermedad cardiovascular o uso de estrógenos), el RR observado para cáncer de mama fue 1,97 (IC del 95%, 1,29-3,00). Aunque se trata de un estudio metodológicamente excelente, tiene un problema fundamental que sorprendentemente no ha sido comentado: el porcentaje elevado de casos per- didos en las diferentes variables de control. Sin embar- go, las críticas se han centrado en la posibilidad de que sea el azar el causante de esta diferencia entre los gru- pos, problema común a todos los estudios observacio- Editorial Insulina glargina y riesgo de cáncer MERCEDES RIGLA CROS Servei d’Endocrinologia i Nutrició. Hospital de Sabadell. Corporació Sanitària Parc Taulí. Sabadell. Barcelona. España. Correspondencia: Dra. M. Rigla Cros. Correo electrónico: mrigla@tauli.cat Document downloaded from http://www.elsevier.es, day 20/06/2017. This copy is for personal use. Any transmission of this document by any media or format is strictly prohibited.