Rasgos de la espiritualidad misionera desde América Latina José María VIGIL eatwot.academia.edu/JoséMaríaVIGIL Publicado en papel en: - «Misiones Extranjeras» 195(julio 2003)304-316, IEME, Madrid. - Traços da espiritualidade missionária a partir da América Latina, «REB» (janeiro 2004), Petróplis, Brasil. Hablamos de «espiritualidad» como espíritu, fuerza, talante, sentido que mueve, pasión que empuja y arrastra[1]. Hablamos de espiritualidad «misionera», no en el sentido amplio de evangelizadora o apostólica, ni siquiera en el sentido más concreto de crítica o profética (por contraposición a establecida o de cristiandad[2]), sino en el sentido específico de ad gentes, dirigida a no cristianos. Y decimos de espiritualidad misionera «desde América Latina», no tanto como desde un Continente físico concreto –aunque también-, cuanto como desde un Continente utópico, un lugar que no está en ningún sitio pero que habita mentes y corazones, que orienta voluntades y luchas, y se constituye en una geografía espiritual y una mística geográfica. Sí, América Latina, el Continente que más señas de identidad[3] emite, tiene patrimonio y sello propios en el mundo «misionero» (ad gentes, mientras no digamos otra cosa), por más que para muchos desapercibidos –muchísimos- AL sería toda ella católica, con solamente una porción de cristianos de otras confesiones. La misión ad gentes existe en AL, se da, está ahí, principalmente junto al mundo indígena, y ha hecho en los últimos 40 años un recorrido de maduración que le es característico. De eso «característico latinoamericano» de la espiritualidad misionera es de lo voy a tratar. Porque en AL, como en todas partes, hay de todo. Pero mucho de lo que aquí hay no es «latinoamericano». Aunque se dé aquí y viva aquí, viene de otra parte, depende otro lugar, y se mueve con referencias foráneas. Aquí también, «ni son todos los que están, ni están todos los que son». No tienen espíritu latinoamericano todas las misiones físicamente situadas en el Continente, ni deja de haber mucha espiritualidad misionera «de espíritu latinoamericano» fuera del mismo. Esto característico latinoamericano de la espiritualidad misionera de nuestras latitudes, esta «espiritualidad misionera latinoamericana» (EML), es reciente, no es de siempre. La espiritualidad misionera que se dio en nuestro Continente, durante siglos, fue, como en todas partes, importada Europa. Durante cuatro siglos y medio AL no pronunció su palabra. Todavía en el Concilio Vaticano II hablaron las Iglesias del primer mundo, ante el quórum silente de Iglesias del Tercer Mundo –y latinoamericanas concretamente-[4]. Pero los tiempos iban a cambiar, y en los últimos 40 años – por obra y gracia del estímulo del Vaticano II, ciertamente- AL pronunció su palabra, recobró su identidad y transparentó su espíritu, en una nueva espiritualidad misionera en AL. De esta EML de los últimos 40 años es de la que queremos hablar. Lo haremos, abordando primero los grandes fundamentos o ejes que vertebran, como a su estructura teológica la EML. Luego nos referiremos más descriptivamente a los rasgos o actitudes en que esos fundamentos se manifiestan en la vivencia espiritual y práxica. I. Fundamentos teológicos de la EML • Lectura histórico-escatológica de la realidad Es importante captar esto. Toda espiritualidad, toda vivencia cristiana, está inserta – conscientemente o no- en una cosmovisión teológica, en una estructura de pensamiento, en una determinada «lectura» del cristianismo. A un experto, le puede bastar un texto, un fragmento de una predicación, una respuesta del catecismo, o una oración de la religiosidad popular… para poder captar el paradigma teológico al que pertenecen. Paradigmas teológicos o tipos de lecturas del cristianismo hay muchas, pero las podemos sintetizar y enumerar brevemente[5]: a) Lectura doctrinal-teórica del cristianismo: éste es ante todo una Verdad revelada, que debe ser acogida con fe, con adhesión intelectual y sin desviaciones no ortodoxas. Es la Verdad es la que salva al ser humano y la que debe ser difundida y propagada misioneramente.