MOVIMIENTO 69 EL ARCO IRIS A CUADROS FORREST HYLTON Y SINCLAIR THOMSON Si América Latina ha sido el lugar de la oposición más radical a la rees- tructuración neoliberal durante los últimos cinco años, Bolivia ha sido su primera línea insurreccional. Movilizaciones populares de una amplia escala geográfica, que unían a un gran abanico de fuerzas de clase y etnia, han derrocado ya dos presidentes –Sánchez de Lozada en octubre de 2003; Mesa en julio de 2005– y vetado la toma de posesión, prescrita constitucionalmente, de un tercero, el presidente del Senado Vaca Díez, en julio de 2005. Con las elecciones de diciembre de 2005 acercándose, estas fuerzas continúan preparadas para ejercer una influencia sostenida en el desarrollo económico y político futuro del país. Pero, aunque es posible ver las protestas tumultuosas de Bolivia dentro del contexto de una serie de desafíos regionales al consenso de Washington en América del Sur, donde los movimientos de masas han sacudido o des- plazado a las elites gobernantes tradicionales en Argentina, Ecuador, Venezuela y Perú, deberíamos evitar tratar la crisis simplemente como un efecto local de un fenómeno transnacional predecible. No deberíamos considerar ni el «neoliberalismo» ni la «globalización» como un agente autónomo que genera inevitablemente sus propios sepultureros; tampo- co se debería dar por sentado que los levantamientos de masas constitu- yen una única ola, que se extiende inexorablemente de un país a otro. Las protestas en Bolivia entre 2000 y 2005 han seguido su propio ciclo, que detallaremos a continuación. Pero sólo es posible comprender las dinámicas que subyacen dentro del contexto de las tradiciones insurrec- cionales específicas de los últimos doscientos años; la memoria y el olvi- do de momentos revolucionarios anteriores; y las conexiones llenas de tensiones entre expresiones políticas indígenas y populares-nacionales que éstos han supuesto. Sostendremos que el ciclo actual constituye el tercer momento revolucio- nario más importante de la historia boliviana. El primero fue indígena. En agosto de 1780, una insurrección regional en Potosí, bajo el liderazgo de un comunero indio llamado Tomás Katari, desató una cadena de movi- mientos locales que acabarían conociéndose por el descendiente de la realeza inca, José Gabriel Túpak Amaru, que encabezó simbólicamente la