Una fractura abierta (FA) comporta una herida en la piel y las partes blandas, que pone en comunicación el hema- toma y/o el mismo foco de fractura con el exterior. Se ha calculado su frecuencia en 11,5 por 100.000 hab/año. Son más frecuentes en la diáfisis de la tibia debido a la menor cobertura de partes blandas que ésta presenta. En los pa- cientes politraumatizados son también frecuentes las FA de la diáfisis y del tercio distal del fémur y proximal de la tibia. Aproximadamente el 30% de los pacientes con una FA tienen lesiones multisistémicas. Las FA de los miembros inferiores son más graves, dado que se asocian a una lesión mayor de partes blandas y a otras lesiones simultáneas. El mejor método de fijación y estabilización de las FA continúa siendo un tema de debate abierto en Traumatología. El tratamiento escogido dependerá de las características individuales de la fractura y de la lesión de las partes blandas, constituyendo la experiencia y el criterio clínico una base importante del mismo. Es posi- ble que algunos cirujanos traten únicamente unos pocos casos al año y pueden no llegar a alcanzar experiencia en técnicas como los colgajos de cobertura y el transporte óseo, requeridas para obtener los mejores resultados en el tratamiento de estos pacientes. El tratamiento de las FA exige del traumatólogo deter- minar el tamaño, localización y grado de contaminación de la herida, así como el grado de lesión ósea asociada. Debe valorarse el método óptimo de estabilización de la fractura, el momento y tipo de cobertura. También debe considerarse si el paciente obtendrá un beneficio supe- rior con la reconstrucción de la extremidad que con una amputación. Desde los primeros días de tratamiento la preocupación principal debe ser el restablecimiento de la máxima función de la extremidad. Evaluación inicial En el Departamento de Urgencias la atención inicial debe dirigirse hacia la reanimación del paciente. La valora- ción de las extremidades, excluido el control de una he- morragia, ha de efectuarse a continuación y si el estado del paciente lo permite. El cirujano ortopédico debe co- nocer si existen otras lesiones como un traumatismo to- rácico, abdominal o craneal dado que éstas pueden con- dicionar el correcto desbridamiento y la estabilización Las fracturas abiertas son debidas, en general, a una mayor violencia del traumatismo respecto a las fracturas cerradas y, por tanto, hacen prever un mayor número de complicaciones. Se produce un mayor grado de contusión de las partes blandas, como son los vasos, los nervios y, fundamentalmente, los músculos y la piel. Si a todo ello se añade la habitual conminución de los fragmentos, la contaminación bacteriana encontrará en las fracturas abiertas un espléndido marco para su desarrollo y ulterior aparición de la infección ósea. Las fracturas abiertas constituyen una urgencia absoluta, puesto que las probabilidades de infección aumentan con el paso del tiempo. La base fundamental del tratamiento de las fracturas abiertas es conseguir la consolidación de la fractura y prevenir la infección ósea postraumática. Para ello es necesario actuar correctamente sobre la piel y las partes blandas, así como sobre la fractura mediante una correcta estabilización, indispensable para obtener la consolidación de la fractura, la cicatrización de las partes blandas y la prevención de la infección. A. Combalía Aleu, S. García Ramiro, J. M. Segur Vilalta y R. Ramón Soler Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología. Instituto Clínic del Aparato Locomotor. Hospital Clínico Universitario. Barcelona. 43 El médico. El médico s Fracturas abiertas (I): evaluación inicial y clasificación EL MÉDICO EN LAS SITUACIONES URGENTES Documento descargado de http://www.elsevier.es el 09/03/2017. Copia para uso personal, se prohíbe la transmisión de este documento por cualquier medio o formato.