1 Averroes y la defensa de la filosofía Leonardo Ordóñez Díaz Universidad del Rosario Siempre a la sombra de Aristóteles: tal parece ser la suerte corrida por Averroes en la historia de la filosofía occidental. Reducido al papel de comentador juicioso y sistemático, es común atribuir a este pensador árabe del siglo XII un rol clave en la transmisión de textos capitales de la filosofía griega, olvidados por Europa durante siglos; es infrecuente, en cambio, atribuirle el desarrollo de una filosofía propia. La posición de Averroes en la tradición occidental ha sido muy bien descrita por Borges, quien recoge la idea según la cual el meollo del trabajo de Averroes son los comentarios de las obras de Aristóteles: Este griego, manantial de toda filosofía, había sido otorgado a los hombres para enseñarles todo lo que se puede saber; interpretar sus libros como los ulemas interpretan el Alcorán era el arduo propósito de Averroes. Pocas cosas más bellas y más patéticas registrará la historia que esa consagración de un médico árabe a los pensamiento de un hombre de quien lo separaban catorce siglos; a las dificultades intrínsecas debemos añadir que Averroes, ignorante del siríaco y del griego, trabajaba sobre la traducción de una traducción. (Borges, 1974: 582-583) El relato que Borges dedica a este personaje narra su búsqueda del significado de las palabras tragedia y comedia. Prisionero en el dilatado ámbito del Islam, Averroes nunca llegó a saber el significado de estos términos, y hay algo conmovedor en sus infecundos esfuerzos por deducir contextualmente el sentido asociado a su uso. Pero, más allá de este detalle anecdótico, el singular destino de Averroes constituye un capítulo destacable en la historia del pensamiento debido a la confianza en la razón de la que este filósofo hace gala en un ambiente cultural dominado por las tendencias conservadoras de la religión tradicional.