LA NACIÓN MESTIZA EL COLOR CUBANO SEGÚN NICOLÁS GUILLÉN Julieta Kabalin Campos Las polémicas en torno a las diferentes conceptualizaciones sobre la s literaturas latinoamericanasse repiten y renuevan desde principios del siglo XX hasta los días actuales. Negritud, literatura negra o negrista, literatura afrodescendiente o de temática afro son algunas de las nociones que atraviesan un complejo entramado de discusiones críticas, teóricas y literarias que tienen como preocupación atender a la pregunta sobre el lugar del negro en las sociedades y culturas latinoamericanas, así como también en las literatura del continente y sus particulares literaturas nacionales. Entre los muchos intelectuales que han aportado ideas a este debate, el cubano Nicolás Guillén es, sin dudas, uno de los pioneros para una nueva conceptualización de lo negro en América Latina, el Caribe y Cuba en particular. A pesar de no haberse propuesto de manera programática organizar un movimiento de reivindicación de la cultura afro o de la literatura negra, su producción intelectual es un ejemplo de lucha y compromiso con la causa del reconocimiento del negro como parte imprescindible de la configuración nacional cubana. En el año 1931, Guillén interpela a sus lectores del siguiente modo: No ignoro, desde luego, que estos versos les repugnan a muchas personas, porque ellos tratan asuntos de los negros del pueblo. No me importa. O mejor dicho: me alegra. Eso quiere decir que espíritus tan puntiagudos no están incluidos en mi temario lírico. Son gentes buenas, además. Han arribado penosamente a la aristocracia desde la cocina, y tiemblan en cuanto ven un caldero. Diré finalmente que estos son unos versos mulatos. Participan acaso de los mismos elementos que entran en la composición étnica de Cuba, donde todos somos un poco níspero. ¿Duele? No lo creo. En todo caso, precisa decirlo antes de que lo vayamos a olvidar. La inyección africana en esta tierra es tan profunda, y se cruzan y entrecruzan en nuestra bien regada hidrografía social tantas corrientes capilares, que sería trabajo de miniaturista desenredar el jeroglífico. Opino por tanto que una poesía criolla entre nosotros no lo será de un modo cabal con olvido del negro. El negro -a mi juicio- aporta esencias muy firmes a nuestro coctel. Y las dos razas que en la Isla salen a flor de agua, distantes en lo que se ve, se tienden un garfio submarino, como esos puentes hondos que unen en secreto dos continentes. Por lo pronto, el espíritu de Cuba es mestizo. Y del espíritu hacia la piel nos vendrá el color definitivo. Algún día se dirá: «color cubano».