Fernando Mazuera y Enrique Peñalosa. El negocio del transporte en la Alcaldía de Bogotá (1948-2017) «Te has montado en un potro muy difícil, pero te advierto que esos potros son muy chuscos» Abelardo Forero Benavides a Fernando Mazuera. Cuento mi vida. Bogotá: Canal Ramírez-Antarés, p.224 Sorprende que en una ciudad que se precia por ser «capital» de la nación (si hubiese tal cosa), los debates que nos afectan estén tan faltos de historia. Todos los términos, categorías, conceptos que usan los periódicos de mayor difusión son muy contemporáneos, pero los problemas son viejos. «Emprendimiento», «ejecución», «falta de planeamiento», «planes de movilidad», «desarrollo urbano»; todos conceptos que se juntan en artículos que nos hacen creer que ese ha sido y siempre debe ser la forma en la que pensemos sobre la Alcaldía y los asuntos públicos. Vamos a mostrar, con un pequeño ejemplo, cómo una pequeña mirada al tranvía bogotano, que todos podemos entender, cómo se mezclan los asuntos que nos competen a todos, por los que todos contribuimos, con el afán de negocio que veían los dirigentes burgueses de finales del siglo XIX. La historia no es sólo un almacén de fechas y datos, que se llena de polvo con el paso del tiempo. Esta idea es muy útil para quienes han hecho sus fortunas familiares a través del Estado, ya que hace que olvidemos que cada uno de los proyectos públicos ha sido una pelea, con varios puntos de vista, con personas que dieron su vida por ellos y otros que la tomaron sin siquiera sonrosarse. A las clases que manejan el Estado les gusta sólo la historia que los glorifica, que los hace parecer estatuas que se alzan al lado de las de Julio César o Napoleón, exagerando hasta la comida que tenían para el desayuno (mientras quienes la cultivaron y recogieron no podían disfrutarla), como si fuese un trofeo para exhibir frente al hambre bogotano. Además, podemos utilizar la historia para entender que lo que nos venden como novedoso e innovador (¿Cómo nos venden la moto?) no es tal. El ejemplo que vamos a trabajar en una serie de artículos, que empiezan por este, ilustran esto con una comparación: las alcaldías de Fernando Mazuera Villegas y las de Enrique Peñalosa Londoño. Ambos han firmado millonarios negocios con empresas privadas, han sido caracterizados como «visionarios y modernizadores» por usar a la Alcaldía como una agencia de construcción. Nos alejamos de estas visiones y vamos a demostrar que cada uno de estos negocios ha contribuido a consolidar al Estado colombiano como un Estado patrimonial, es decir: una organización pública hecha en función del lucro privado, como cualquier negocio. En esta primera entrega nos vamos a enfocar en la comparación frente al negocio del transporte. El desmonte del tranvía luego del «Bogotazo» y el establecimiento del sistema Transmilenio, cuando debía iniciarse un metro. Aunque son 52 años, el parecido de los procesos es impresionante. Veamos ¿Quién fue Fernando Mazuera? La guía Quién es Quién en Colombia de 1952 nos muestra el relato hegemónico de Mazuera: