LA MANZANA DE DESCARTES. GENIO ENGAÑADOR Y VERDADES ETERNAS A LA LUZ DE LA OBRA DE FRAY LUIS DE LEÓN. Por José Manuel DÍAZ MARTÍN Si aceptamos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque éste es el testimonio de Dios, por cuanto testificó acerca de su Hijo. 1 Jn 5,9 A estas alturas del conocimiento de las raíces del pensamiento cartesiano, nadie duda ya de que las hipótesis del genio maligno y del Dios engañador, como tantas otras sobre las que se considera fundada la filosofía moderna a partir de su obra, contaban con una lar- ga tradición en la teología escolar (sin necesidad de entrar en la cuestión de la profundi- dad de su deuda con ella). De hecho, con todos los antecedentes que se les han encon- trado se podría trazar incluso una precisa genealogía que arranca del nominalismo de Guillermo de Occam (+1349) y Roberto Holkot (+1349), pasa por Gregorio de Rímini (+1358) y Nicolás d’Autrecourt (+1369) y llega a Gabriel Biel (+1495) para desembo- car en Francisco Suárez (+1617), fuente directa para Descartes 1 . Hace ya más de veinte años, el profesor Mariano Álvarez también identificó aquellas hipótesis en un maestro de Suárez en la universidad de Salamanca, fray Luis de León 2 ; pero no en su obra teológica escolar, que entonces como hoy yace en un lamentable descuido, sino en un extraordinario párrafo del De los nombres de Cristo (1583-87). No parece probable que Descartes supiera de ella directamente. Como veremos, todo lo más que pudo llegarle fueron ciertos ecos distorsionados de aquellos motivos que comparti- rán sus Meditaciones con aquel libro a través de la obra del cardenal Bérulle, de la que el filósofo no tardó en distanciarse. Pero no por eso cabe desechar este trabajo en la línea de la historia de las ideas; al contrario: la concurrencia en fray Luis de León de ambas facetas (la de maestro de Suá- rez en Salamanca 3 y la de espiritual renacentista de decisiva influencia sobre Bérulle 4 ), 1 Prueba de la resistencia al olvido de algunos de esos autores como Gregorio de Rímini y Gabriel Biel en aquellos días son su recuerdo a Descartes en las segundas objeciones a sus Meditationes: René Descartes, Oeuvres, Charles Adam y Paul Tannery eds. (en adelante, edición citada como DAT), Vol. VII, París: Cerf, 1904:125 (cf. Tullio Gregory, “Dio ingannatore e genio maligno. Note in margine alle Meditationes di Descartes”, en Giornale critico della filosofia italiana, 1974:53, pp. 477-516). Sobre los demás – mayoritariamente Suárez-, cf.: Norman J. Wells, “Material falsity in Descartes, Arnauld and Suárez”, en Journal of the History of Philosophy, 1984:22-1, pp. 25-50; Emanuela Scribano, “L’inganno divino nelle Meditazioni di Descartes”, en Rivista di filosofia, 90-2:1999, pp. 219-251; Emmanuel Faye, “Dieu trom- peur, mauvais génie et origine de l’erreur selon Descartes et Suárez”, en Revue philosophique de la Fran- ce et de l’Étranger, 2001:126-1, pp. 61-72; Francisco León Florido, “El escepticismo, de la teología me- dieval a la filosofía moderna. Robert Holkot y René Descartes”, en Revista española de filosofía medie- val, 2006:13, pp. 181-189; Francisco T. Baciero Ruiz, “El genio maligno de Suárez: Suárez y Descartes”, en Pensamiento. Revista de investigación e información filosófica, vol. 63, 2007:236, pp. 303-320. 2 Mariano Álvarez, “Religión y metafísica. Sobre el concepto de armonía en De los nombres de Cristo”, en La ciudad de Dios, 1991:204 (vol. extraordinario, “Homenaje a fray Luis de León”), pp. 465-6. 3 El período en el que ambos coincidieron en Salamanca fue 1566-1570. Cf. Raoul Scorraille, François Suárez et la Compagnie de Jesùs, París: Lethielleux, tomo I, 1912:386-9 (donde no nombra a fray Luis como uno de sus maestros). En Commentariorum ac disputationum in tertiam partem divi Thomae, Tomo III, Maguncia: Lipii, 1619:449 (disp. 41, sec. 1 en comentario a S. Th., III, q. 73, a. 5, en materia De eu- charistia), Suárez alaba el opúsculo de fray Luis (“sapientissimus magister meus”) De utriusque agni - 1590-, que no fue aquello que escuchó en las clases que recibió en Salamanca, jugando al despiste, como haría con él Descartes, pero demostrando a la vez que seguía la publicaciones de su maestro a distancia. 4 En otra parte (“De iustitia originali: memoria y olvido de la escuela agustiniana en la defensa hispana de Jansenio (1560-1677)”, en Actes du Colloque “Bayonne, berceau du Jansénisme?”, Thierry Issatel (ed.), Honoré Champion:París –en proceso de edición-) he dado cuenta del consenso entre la crítica (Orcibal,