Origen y evolución de la pluma Durante largo tiempo se admitieron una serie de supuestos sobre los mecanismos originantes de las alas que la investigación reciente ha desmentido. La pluma no nació con las aves. Richard O. Prum y Alan H. Brush Pelo, escamas, piel, plumas. De todas las cubiertas corporales desarrolladas por la naturaleza, las plumas son la más variadas y misteriosas. ¿Cómo evolucionaron estos apéndices tan increíblemente fuertes, ligeros e intrincados? ¿De dónde provienen? Hace apenas cinco años comenzamos a hallar respuestas para estas preguntas. Diversas líneas de investigación han convergido recientemente en una extraordinaria conclusión: la pluma evolucionó en los dinosaurios, antes de la aparición de las aves. El origen de las plumas se inscribe dentro de la pregunta mucho más general acerca del origen de las novedades evolutivas, es decir, de estructuras que no tienen antecedentes claros en animales ancestrales ni relación suficientemente clara con estructuras de parientes contemporáneos. Si bien la teoría de la evolución ofrece una explicación sólida del surgimiento de variaciones menores en el tamaño y forma de los seres vivos, así como de sus partes, no proporciona muchas pistas para entender la aparición de estructuras totalmente nuevas como dedos, extremidades, ojos o plumas. Además de lo anterior, la solución del enigma del origen de las plumas se ha retrasado debido a supuestos que ahora parecen falsos, como la creencia de que las plumas primitivas evolucionaron por la elongación y división de las escamas de los reptiles, y la especulación de que habían evolucionado para una función específica como el vuelo. La carencia de fósiles de plumas primitivas también entorpeció los trabajos. Durante muchos años, el fósil de ave más antiguo fue el del Archaeopteryx lithographica, que vivió en el Jurásico tardío (hace unos 148 millones de años). Pero el Archaeopteryx no ofrece pista alguna sobre cómo evolucionaron las plumas, porque las suyas son virtualmente idénticas a las de las aves actuales. Hallazgos aportados muy recientemente por diversos campos han vencido esos problemas tradicionales. En primer lugar, los biólogos están hallando nuevas evidencias de que los procesos de desarrollo —los complejos mecanismos mediante los cuales cada organismo crece hasta alcanzar su tamaño y forma plenos— pueden permitirnos dilucidar la evolución de la anatomía de cada especie. Esta idea es la base de la biología del desarrollo evolutivo, la cual se convertido en una poderosa herramienta para explorar el origen de las plumas. En segundo lugar, los paleontólogos han desenterrado en China un auténtico tesoro de dinosaurios emplumados. Sus plumas no son tan evolucionadas como las de las aves modernas —ni siquiera como las del Archaeopteryx—, y nos ofrecen indicios cruciales sobre la estructura, función y evolución de los intrincados apéndices de las aves modernas. Juntos, los avances descritos nos han proporcionado una imagen sumamente detallada y revolucionaria: las plumas surgieron y se diversificaron en los dinosaurios terópodos, carnívoros bípedos, antes que aparecieran las aves o se originara el vuelo.