Introducción El médico, como cualquier otro ciudadano, tiene derecho a la salud, pero, además, tiene el deber de ejercer su profesión con responsabilidad, lo que implica, entre otras condiciones, dis- poner de un estado psicofísico adecuado para el correcto desempeño de su profesión. La prevalencia de la enfermedad mental o del trastorno por uso de sustancias (TUS) en el médico es similar a la de la población general (12-15%) 1-4 . Cuando el médico padece una enfermedad mental, vive en una dualidad difícil de sobrellevar; por un lado, es responsable del cuidado y la salud de sus pacientes y, por otro, su propio malestar puede impedirle desempeñar su trabajo adecuadamente 5 . Esta situación se complica aún más cuando padece un TUS, ya que es improbable que solicite ser va- lorado y tratado en los recursos habitualmente disponibles para el resto de la población 6 . Desgraciadamente, cuando el médico padece patología adictiva y/u otros problemas de salud mental, suele demorar la petición de ayuda y, cuando el problema es grave, son general- mente los colegas o las personas de su entorno quienes detectan los primeros síntomas de alar- ma en forma de conductas inapropiadas, absentismo laboral, quejas de los usuarios, etc. En la resistencia a la petición de ayuda influyen, por un lado, el temor a la pérdida de credibilidad profesional, al ponerse de relieve su identidad, y, por otro, el hecho de que dichos trastornos to- davía van asociados a una considerable estigmatización social 7-9 . La fantasía de control, la ten- 381 II-137 LA SALUD MENTAL DEL MÉDICO. EL PROGRAMA DE ATENCIÓN AL MÉDICO ENFERMO DE BARCELONA: 1998-2012 Mª Dolores Braquehais Conesa Miquel Casas Brugué Eugeni Bruguera Cortada Antoni Arteman i Jané Josep Lluís Matalí Costa Miquel Jordi Bel Aguado José Eduardo Montejo Celis Josep Fàbregas Poveda Jaume Padrós i Selma