USB. FCA-151. Hombre, Cultura y Sociedad I 38 Robert L. HEILBRONER, “La aparición de la sociedad de mercado”, en La Formación de la sociedad económica, México, Fondo de Cultura Económica, 1966, pp. 57-84. CAPÍTULO III. LA APARICIÓN DE LA SOCIEDAD DE MERCADO. La tradición, la inmutabilidad y el orden: éstos fueron los conceptos clave de la sociedad económica en la Edad Media. En nuestro capítulo anterior nos enfrentamos con esta forma poco conocida y estática de vida económica. Pero nuestro propósito, en este capítulo, es diferente. Ya no es describir aquellos factores que mantuvieron a salvo la estabilidad económica de la sociedad medieval, sino identificar aquellas fuerzas que final-mente la desintegraron. Una vez más necesitamos andar con cautela. En este capítulo abarcamos una inmensa variedad de experiencia histórica. Debemos evitar el pensamiento de que las fuerzas transformadoras que se estudian en este capítulo fueron idénticas de una región a otra o de siglo en siglo, o bien, que la transición que originaron a través del vasto espacio europeo fuese uniforme. Por el contrario, la gran evolución de la que seremos testigos en estas páginas no fue ni bien definida ni clara, sino confusa e irregular. Al mismo tiempo que una verdadera sociedad de mercado moderna empezaba a manifestarse en las ciudades medioevales de Italia u Holanda, las formas más arcaicas de relación feudal persistían en los sectores agrícolas de estas mismas naciones y, desde luego, en la vida urbana de otras naciones. Debemos recordar que los procesos históricos de este capítulo se extendían desde el siglo X al XVII (e incluso hasta el XVIII y XIX) y que no se manifestaron en ningún país exactamente del mismo modo que en otro. Teniendo presentes estas advertencias, volvamos ahora a la gran evolución propiamente dicha. ¿Qué factores fueron lo bastante poderosos como para provocar los importantes cambios históricos que fueron necesarios para originar una sociedad de mercado? El mercader ambulante La primera de estas fuerzas de transformación la encontramos bajo una apariencia inesperada. Es una procesión reducida e irregular de hombres armados, moviéndose lentamente a lo largo de uno de los caminos rudimentarios de la Europa medieval: en primer lugar, el portador del estandarte de colores, a continuación un jefe militar, después un grupo de jinetes provistos de arcos y espadas y finalmente, una caravana de caballos y mulas cargados de barriles y fardos, costales y pacas.