Las ciudades y la guerra: un ensayo sobre dos clásicos. POR Ximena Espeche (UBA-Conicet) ¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros? Esta gente, al fin y al cabo, era una solución. Konstantin Kavafis, “Esperando a los bárbaros” En dos clásicos de la ensayística latinoamericana, Latinoamérica: Las ciudades y las ideas del historiador argentino José Luis Romero y La ciudad letrada del crítico literario Ángel Rama hay una marcada ausencia: la guerra. 1 La ausencia de la guerra implica aquí dos cosas al mismo tiempo. Por una parte, se trata de una paradoja: los textos de Rama y Romero hicieron de la guerra ausente un tópico central: ya fuera como denuncia a los modos de ocultamiento de las razones en que la “ciudad letrada” tomó posesión de la “ciudad real” (mal escondiendo siempre sus pudibundas armas y sangres), ya fuera como denuncia de una guerra soterrada -en las figuras del conflicto, el enfrentamiento, la falta de integración- que para ganarse definitivamente debía ser expuesta como cada vez menos necesaria. Pienso la guerra aquí tanto en los términos de un enfrentamiento que busca la eliminación pero, sobre todo, la dominación de un enemigo, cuanto la serie de metáforas asociadas a la guerra: enfrentamiento violento, conflicto siempre a punto de ser desatado, y también por contrapartida, lo que el supuesto ejercicio de una razón y una palabra no logran evitar. Y, por la otra, ese tópico de la ausencia de la guerra dirige la mirada desde esos escritos hasta otros dos que les han sido fundamentales. Para el primero, Facundo. Civilización y barbarie de Domingo F. Sarmiento; para el segundo, la Historia de los partidos políticos en el Uruguay de Juan E. Pivel Devoto. 2 En cualquier caso, la guerra es central en Facundo y en la Historia de los partidos…. Y lo es, también, como si dijéramos mucho más que por “interpósita persona” en los ensayos de Rama y de Romero. Sobre los modos en que juega esa ausencia tratarán estas páginas. I. Primero fue el ensayo de José Luis Romero. Publicado en junio de 1976, muy poco después del golpe militar en Argentina, el estudio fue haciéndose un clásico por el trabajo artesanal con el que colegas, amigos y estudiantes de Romero le dieron de a poco un lugar en una biblioteca que para ser llamada así debería contarlo entre sus principales volúmenes. 3 El ensayo planteaba un estudio sobre la formación de las ciudades en América Latina como un modo de explicar el hálito que las había hecho posibles: las ciudades latinoamericanas eran la confirmación íntima de que la ciudad era, o debía ser, un mundo público, la expresión de una cuerda tensionada entre lo público y privado, de que ese mundo no estaba sometido a otro, el de la “necesidad”. El libro así era el trabajo de un historiador y de un ensayista, pero también era parte de las reflexiones de un hombre preocupado por su presente, en esa “misión de educador que cree firmemente en la palabra pública”. 4 Además el libro venía a confirmar allí lo que estudiaba sobre otros ámbitos, el modo en que la burguesía había traído un nuevo mundo y la manera en que había que interpretar ese origen: se trataba de una crisis mayor de larga duración. 5 Sabemos que Romero era un medievalista y que, sobre todo, le interesó historiar la cultura, en una tradición que se había ocupado de seguir de