José Luis Pardo LA CIUDAD SITIADA Guerra y urbanismo en el siglo XX I La singularidad de las ciudades puede definirse de muchas maneras, pero está claro que en ellas se conjugan dos factores: un determinado modo de vida (caracterizado por la existencia de un tejido civil de derechos económico-jurídicos) y una espaciotemporalidad específica (un tejido urbano diferente del de las sociedades rurales o las aldeas). La conjunción de estos dos factores permite describir la ciudad por el que me parece ser su rasgo más peculiar: las ciudades como máquinas de producir individuos (sujetos dueños de su discurso y de sus propiedades, capaces de hablar con sentido y, por tanto, de intercambiar bienes y argumentos, de contraer deudas y de mantener su palabra), sujetos libres para firmar un contrato. No quiero decir que en las aldeas o en las sociedades rurales no haya individuos, quiero decir solamente que la presión colectiva y el primado de los vínculos de parentesco son en ellas factores que pueden frenar la individualización o, al menos, no fomentarla. Más que una cultura urbana, lo urbano es, en cierto modo, la incultura, es decir, la condición de individuo desprendido de su lugar de origen o de su comunidad natal, y para ello es necesario que la ciudad se distinga de toda cultura local. No se necesita recordar aquellas imágenes que dieron la vuelta al mundo con ocasión de la entrada de tropas internacionales de ayuda humanitaria en Somalia: la mujer somalí que sube al todo-terreno de los soldados extranjeros (seguramente para pedir comida, o protección, o refugio, o quizás alimento para sus hijos), y que es lapidada por sus hermanos en cuanto vuelve a poner el pie en la tierra. No había cometido otro crimen que el de individualizarse, segregarse de la colectividad tribal y convertirse, al rodar en aquel vehículo con soldados extranjeros, en un individuo independiente de su tribu, de su cultura y de su género, es decir, en una ciudadana. Es decir, en una traidora a los suyos. La tribu que apedreaba a aquella desdichaba notaba perfectamente el peligro, el gran