LA GESTA DEL HUMANISTA O SOBRE TRES GIROS DEL CID Por Javier Suarez Trejo Entonces, recuerdo un verso: Saludadme a mio Çid, el que en buen hora çinxo espada Un verso que me ofrece dos claves para entender la gesión. ¿De quién se habla? Del Mio Cid, caballero castellano reconocido por su gran humanidad. ¿Qué se dice de él? Dos cosas: que hizo algo “en buen hora” y que “çinxo espada”. ¿Un gestor? Un héroe, una oportunidad y una herramienta. ¿Un gestor? Un héroe que sabe ver las oportunidades y tiene las herramientas para llevar a cabo una empresa, una gesta. Y en el momento en que quiero llamarte, lector, héroe oportuno y con recursos, sigo recordando. El Mio Cid es un cantar de gesta, un género literario de la Edad Media. Entonces, me vuelvo a preguntar, ya dudando: ¿por qué no puedo ser yo un héroe oportuno y con recursos? ¿Yo, estudiante de humanidades? Las palabras son caminos que se bifurcan, que se multiplican en inusitados senderos. Sin querer, o buscándolo, he usado dos palabras muy caras a ti, gestor, pero quizás más caras a mí, ¿humanista? (digamos, por motivos geográficos, Pabellón H, aunque de ningún modo exclusivamente): empresa y gesta. El Cid lleva a cabo una empresa, es decir, una tarea que entraña dificultad y cuya ejecución requiere decisión y esfuerzo, y, al mismo tiempo, es agente de una gesta (que él y sus colaboradores gestionan). La gesta se configura, entonces, como el anhelo por el cual el héroe (gestor y/o humanista) lleva a cabo su empresa: si la gestión es la forma según la cual se gestiona la gesta (y perdónenme el lector por este innecesario trabalenguas), la gesta es el anhelo de la gestión no sólo como ganancia material sino sobre todo como recuerdo de un acto memorable, de un proceso que vale la pena vivirse porque será recordado como un bien colectivo (RAE). En estos momentos, lector, he perdido un poco de estabilidad (como a todo héroe le sucede) y ya no sé a quién le hablo: ¿al humanista, al gestor, a ambos, a ninguno? Pero, quizás, la respuesta a esa pregunta no sea sino el haber presentido algo que se ha olvidado, que los humanistas hemos olvidado: actuar como gestores (si estos han olvidado actuar como humanistas es una pregunta que me tomaría tiempo responder; y no lo haré por ahora, pues no cuento con el espacio). Lo que los estudios humanísticos han olvidado 4 es que los humanistas somos (o debemos actuar como) gestores, dignos de un cantar de gesta. Eso de ningún modo porque seamos humanistas, sino porque es más diverido, intenso y emocionante vivir con el ideal de llevar a cabo hechos memorables. El humanista, debido a la pereza y/o indiferencia que lo rodean, ya no recuerda la aventura que implica la gesión de una empresa; tampoco se arriesga por iniciaivas experimentales, híbridas y/o transgresoras, ya que eso implicaría jugar- se una reputación de independencia que es su úlimo basión dentro de una sociedad que ya no lo toma en cuenta. ¿Quién anima a los jóvenes a estudiar humanidades? ¿Por qué importan cada vez menos carreras como ilosoía, literatura o historia? Esto no quiere decir que no existan propuestas jóvenes sobre las humanidades, pero su radicalidad agoniza debido a una incapacidad de gesionar sus proyectos. 1 La formación profesional de las carreras de humanidades en la PUCP se asemeja, por momentos, al trabajo del invesigador a iempo completo cuyo in es la publicación de papers y/o libros; baste recordar que sólo un mínimo porcentaje de los egresados de humanidades será sólo invesigadores; de allí que nuestra educación no sea realista. 57