EE.UU. y sus 25 años de soledad Publicado el 20 abril, 2018 por Redacción Trump parece dispuesto a dar algunos pasos contrarios al orden liberal y la globalización con el objetivo de obligar a China a negociar Esteban Actis (*) La convulsionada coyuntura global obliga a los analistas internacionales a correr detrás de los hechos con el objetivo de dar cuenta de la complejidad de los cambios y mutaciones que experimentan hoy las relaciones internacionales. Aquellos que nos dedicamos al estudio de estos fenómenos, en muchos casos quedamos rehenes del día a día (Trump y su Twitter mediante) sin poder reflexionar y pensar la realidad global actual desde una mirada holística y largoplacista. Desde esa perspectiva, es menester argumentar que el sistema internacional está dejando atrás un orden/período e ingresando a otro cuyas características centrales se están gestando y manifestando. El reconocido académico chino Minxin Pei, señaló que si la Guerra Fría terminó en diciembre de 1991 con la desintegración de la Unión Soviética, la era de la posguerra fría parece haber finalizado en noviembre de 2016 con el triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. El punto nodal a resaltar es la idea de finalización de un período –la posguerra fría– que perduró aproximadamente 25 años. Ahora bien, ¿por qué afirmamos que hemos dejado atrás la posguerra fría? La principal novedad de esa etapa histórica en las relaciones internacionales era que por primera vez en la era contemporánea el primordial poder estatal del sistema (potencia hegemónica) no visualizaba a un par como amenaza a su primacía global. La implosión de la URSS condujo la emergencia de profundas asimetrías en torno a los atributos de poder (duros y blandos) de Estados Unidos en el plano interestatal. Por tal motivo, conforme fueron pasando los años – y la ilusión del“ Fin de la Historia” –al interior de los EE.UU. se identificó a una“ amenaza no tradicional” de carácter trasnacional como principal riesgo a la primacía global: el terrorismo–. La lucha contra el terrorismo –y contra aquellas unidades estatales que le daban cobijo– se transformó en la cruzada central de su política global. De manera paralela, Estados periféricos (no por ello pocos estratégicos) que desafiaban el régimen de no proliferación nuclear (Irán, Corea del Norte) intentaron ser disciplinados al calor de distintos palos y zanahorias. El punto a subrayar, es que dicha especificidad y particularidad del orden global es la que comienza a desvanecerse promediando la mitad de la segunda década del Siglo XXI y que hoy con la administración Trump se observa con claridad. El orden internacional regresa a su “normalidad” histórica en relación a que la potencia hegemónica vuelve a identificar como principal amenaza a su primacía global a un par que cada día tiene mayores atributos de poder e