La ecología, entre la vida real y la física teórica En la búsqueda de un estatuto cientico p ara la ecología se sugiere una reinterpretación de la foma usual de introducir la noción termodinámica de entropía S e quejan los ecólogos de la tri vialización que sufre su disci plina en los medios de comuni cación, confundida con un sentimiento ambientalista hoy de moda. Parte de la culpa, sin embargo, podría recaer en la configuración aparente de la ecolo gía, que se diría falta de coherencia interna y nervio teórico. Conviene, digámoslo de entrada, considerar los organismos y los sis temas formados por éstos en un am biente de características definidas, los ecosistemas, como si de máquinas se tratara. O con mayor propiedad, como sistemas disipativos abiertos, al estilo de una llama o de un tornado. Orga nismos y ecosistemas desarrollan tra bajo a partir de diversas energías, en re las cuales la más importante es la solar, que en la vida se convierte pron to en energía de los enlaces químicos. En los ecosistemas, además, no pue de prescindiese de la energía del clima (viento, movimientos de agua). Este artículo parte de esas exigencias ele mentales, con un triple propósito. En primer lugar, queremos señalar que hay dominios, dentro de la eco logía, en los que la aproximación académica al uso, que suele valorar exageradamente la asimilación de los compuestos de carbono por los orga nismos· y las relaciones entre depre dador y presa, no basta para responder ni a lo que pide cualquier descripción teórica eficaz, ni a las exigencias RAMON MARGALEF es profesor emérito de la Universidad de Barcelona, donde inauguró la cátedra de ecología. Renovó la disciplina con la introduc ción de la teoría de la información. Ha recibido numerosos galardones interna cionales por su aportación a la limnolo gía, oceanografía y ecología. Este es el tercer artículo que escribe para Investi gación y Ciencia. 66 Ramón Margalef prácticas de manipulación o interven ción humana. En segundo lugar, no resulta fácil para el ecólogo preparar balances co rrectos de entradas y salidas de ener gía para aquellos organismos que pue den utilizar un especro energético muy amplio, incluidas las energías exter nas, o exosomáticas; estas energías suelen operar en un espacio periféri co a los organismos, aunque general mente interior al ecosistema, espacio del que las especies se apropian o asimilan en grado diverso. Se trata de un aspecto crucial. Pensemos, por ejemplo, en el retorno de agua a la atmósfera, a través de las plantas de un bosque, es decir, en la energía de evapotranspiración. Este proceso de intercambio gaseoso puede organizar se a la manera de un conjunto de células de Bénard que estuvieran do tadas de una rigidez especial de ori gen histórico, mantenida, en este caso, por la posición de los troncos. (Las células de Bénard son celdillas con vectivas con una geometría de pris mas poligonales de eje vertical que se forman espontáneamente cuando una capa delgada de fluido, con una superficie libre y horizontal, se ca lienta por debajo.) Un modelo, quizá más general, de cooperación entre energías diversas está presente en la continuidad de la vida suspendida en el agua; la persistencia de individuos allí depende del retorno de elemen tos nutritivos a la parte iluminada de la columna de agua, que, a su vez, es función de los movimientos del agua, en remolinos o en otras formas de circulación. En tercer lugar, según una impor tante línea de pensamiento que nos viene de la física teórica, para reco nocer como información cualquier cambio asociado a una disipación de energía, se requiere un observador que levante acta. En propiedad, el observador será un organismo vivo, y lo que hemos llamado levantar acta, expresión sinónima de asimilar o in tegrar una información, acota proba blemente lo más característico de la vida en su escala de dimensiones mí nima: el cuanto de energía que se reconoce como el mínimo elemento de cambio y, por tanto, potencial mente de información. D elimitemos ahora la situación. La ecología de las poblaciones ha alcanzado un desarrollo satisfactorio y orece un entramado teórico adecua do para entender las relaciones entre individuos de una misma especie o de diferentes especies; conocimiento que podemos luego aplicar, por ejem plo, tanto en una explotación racional, como en las tareas de conservación de especies amenazadas, selectas y definidas. Situémonos a una escala superior a la anterior en varios órdenes de magnitud. En un nivel de carácter global y discontinuo con el prece dente. Encontraremos allí los proble mas que concienen al efecto inver nadero, los déficits locales de ozono en las altas capas de la atmósfera, las fluctuaciones climáticas pasadas y las que son esperables, así como sus efectos previsibles sobre la biosfera. Se trata de cuestiones de plantea miento científico y resolución, cuando se ha logrado, recientes, en las que han intervenido la observaciones des de el espacio, el estudio de los in dicios basados en isótopos y nume rosos testimonios paleontológicos. En medio de ambas escalas, la po blacional y la planetaria, existe un segmento que se caracteriza por el divorcio entre lo que dice saberse y lo que se es capaz de llevar a la práctica. Es el ámbito donde se si túan las cuestiones concernientes a la composición y la dinámica de la ma- INESTIGACIÓN Y CENCIA, junio, 1995