EL CONCEPTO DEL HOMBRE EN GRECIA (EL ESTADO IDEAL Y LA NOCION PLATONICA DEL HOMBRE) 1. EL CANON DE LAS VIRTUDES Bajo las especies de un hombre prudente, justo, fuerte y tem- plado finge el cristiano su ideal natural de la humana perfección. Esas virtudes que son en número cuatro, ni una más ni una menos, dibujan en su elemental diseno el contenido moral de nuestra imagen de humanidad. Remonto la corriente de mis re- cuerdos infantiles y me encuentro con un librillo amigo y familiar. Parece ser, ¡pues no faltaría más!, que en la hora de ahora, con todas las novaciones y terribles adelantos de la pastoral, este librito, cuya letra, en alternado inquirir y responder, dábamos al viento los infantes de antaño con runrún de letanía, se les antoja a muchos librejo espantable y ranciedad jubilada. Yo de sé decir que, al reencontrarlo, siento que me muerde el cora- zón el suave amargo de la melancolía de un otoño, en el que muchas rosas de la cándida niñez se han vuelto espinas. Con sencillez de estilo y en forma novicia está allí dada la que se suele decir «doctrina» por antonomasia. Las condiciones y señas, atributos y buenas partes del cristiano las describe mi Catecismo por estas palabras: «Las virtudes morales son cuatro: prudencia, justicia, fortaleza y templanza, que reciben el nombre de cardi- nales, porque son el fundamento de las demás virtudes». Sin embargo, los chiquillos de entonces hablábamos en puro platónico. El canon que aprieta y resume las virtudes del cristiano está colonizado por pensamientos platónicos (son lugares clásicos República 427 e y SS., Banquete 196 b y SS., Leyes 631 b y SS.),