29/05/18 1 Lecturas de la Tasa de Mortalidad Infantil Federico Tobar y Fernando Filgueira En los años ochenta si alguien estaba interesado en averiguar la situación social de los países lati- noamericanos disponía de muy pocas fuentes de información que permitían comparaciones. En gene- ral los datos se restringían al Producto Bruto (PBI) per cápita y a la Tasa de Mortalidad Infantil (TMI). Los noventa trajeron buenas noticias, realzando la necesidad de indicadores sociales y de desarrollo humano. Hoy el interesado podrá consultar datos sobre pobreza, desigualdad, desarrollo humano, lo- gro educativo y aún otros indicadores sectoriales más sofisticados. Sin embargo este cúmulo de infor- mación no siempre es bien digerido, utilizado y muchas veces aún construido. Es bienvenida la ola de indicadores sociales donde antes no había nada, pero es preciso ser cuidadosos a la hora de considerar y utilizar estos indicadores en la prensa, en el debate, en la política y claro está, en el análisis de lo social. Parece entonces un buen punto de partida para este ajuste crítico en la lectura y utilización de los indicadores sociales, empezar por el más viejo y utilizado de ellos: la tasa de mortalidad infantil. ¿Podríamos decir que nuestro conocimiento sobre la mortalidad infantil aún está en pañales?. La Tasa de Mortalidad Infantil es un indicador controvertido. Por un lado, se trata de un indicador común de desarrollo social, así como del indicador epidemiológico más utilizado en los estudios descriptivos, en las comparaciones sobre la situación de salud de regiones, países, provincias, y hasta localidades. Por el otro, los analistas tienden a sospechar que muchas veces lo que las cifras indican no se parece a la realidad. El siguiente artículo examina a la Tasa de Mortalidad Infantil en su carácter de indicador social buscando identificar sus limitaciones y alcances. El objetivo es mostrar como leer dicho indicador señalando así los usos y abusos de su empleo. Indicador y concepto Todo concepto admite, al menos, dos tipos de definiciones. Una operacional, que se concentra en explicar como medirlo. Y otra conceptual, que se preocupa por captar la esencia del término. En térmi- nos operativos se define Tasa de Mortalidad Infantil al cociente entre el número de muertes en niños menores de un año de edad en un determinado año y el número de nacidos vivos en el mismo año, para una determinada población (país, territorio o área geográfica), y es expresada por 1.000 nacidos vivos. Se trata de un indicador muy utilizado en virtud de varios factores. En primer lugar, es muy sensi- ble para registrar la situación, no solo sanitaria, sino también social de una determinada población. En segundo lugar, su registro es relativamente simple y seguro, de forma que resulta posible acceder a datos confiables tanto del numerador como del denominador del indicador. En tercer lugar, esos datos suelen estar disponibles con bastante nivel de desagregación espacial y por jurisdicción gubernamental. Galileo Galilei decía que la naturaleza se expresa en caracteres numéricos. Sin embargo, no resulta tan fácil extrapolar esa afirmación a las ciencias sociales. En general, cada indicador funciona como una linterna de luz muy concentrada. Ilumina una determinada realidad pero no permite ver otras. De esa forma puede reducir una realidad compleja a unos pocos reflejos de la misma. En realidad, el riesgo de operar reduccionismos no está implícito en el indicador en si, sino en sus usos. Cuanto más utilizado es un indicador mayor será el riesgo de que lo idealicemos o lo usemos como un objeto independiente de aquella realidad de la que debería dar cuenta. Tal vez, es por ello, que con mucha frecuencia en las ciencias sociales nos vemos obligados a recu- rrir a metáforas para abordar contextos y cualidades sociales. La metáfora es más tímida, sugiere a través de la analogía pero no indica. Establece paralelos que ayudan a indagar al respecto de una realidad pero no tiene la pretensión de dar cuenta del fenómeno en su conjunto. Incluso, algunas de estas metáforas provienen de las ciencias exactas. Así, por ejemplo, extrapolamos de la física términos