109 108 Posfacio Estacin Habana. Sobre Corazn de skitalietz, de Antonio JosØ Ponte 1 Teresa Basile En La viga maestra, el Tiempo, publicado en el 2003, Ponte se inquietaba aœn ante la reiterada pre- gunta de sus amigos: ¿A quØ vuelves a ese pas?, e intentaba explicarse: Todava no acabo de encontrar contestacin a pregunta tantas veces repetida. As como ninguna estancia en el extranjero ha hecho que desis- ta de esta extraæa mana de volver. La pregunta, por tanto, se transforma. ¿QuØ hago yo aqu?, me digo. 2 En esta tensin entre irse de Cuba o quedarse; entre las razones del afuera y las del adentro; entre las pre- guntas y la imposibilidad de responderlas, en este es- pacio inestable de la indecisin es donde se colocan estos cuentos, no tanto para alcanzar una respuesta como para poner a prueba los riesgos y las posibilida- des para examinar los lmites, para agotar las argu- mentaciones, para palpar la densidad de su bœsqueda y el valor de cada alternativa. Las pulsiones en conflic- to entre irse y quedarse definen uno de los nœcleos productivos mÆs importantes de estos cuentos. A esa pregunta ¿QuØ hago yo aqu?, Ponte la res- ponde, en el citado ensayo, con simpleza y austeridad, con casi nada: yo procuraba que me fuera explicada la vida cotidiana actual tal como deba ser vivida. Por- que me consideraba fuera de ella. Esta interrogacin acerca de la vida cotidiana en Cuba interpela el arduo contexto de la dØcada de los noventa inicio del llama- Escorpin hizo una cola para irse a cualquier sitio. El mnibus borde el mar y entr al tœnel de la baha. Al salir a la claridad del sol, Escorpin se dio cuenta de que, despuØs de mucho tiempo, sala de La Habana. Empuj hasta llegar a la puerta y baj en la primera parada. El mar se encontraba despuØs de una pendien- te. En algunos puntos creca una hierba rala. El sonido de las olas borraba todo ruido de la carre- tera y frente a la costa desembocaba la mayora de los residuos lquidos de la ciudad. Sudor, saliva, sangre, orine, semen, mierda, se ligaban all con el agua salada. En ese punto terminaba la vida habanera. Escorpin tuvo la sensacin de que alguien lo miraba, de que perteneca a un rodaje de ex- teriores. No saba quØ hacer frente a Dios o la cÆmara.