1 Museo/Mausoleo: Beatriz González en la búsqueda del duelo Por: Elkin Rubiano http://esferapublica.org/nfblog/museo -mausoleo-beatriz-gonzalez-en-la-busqueda-del-duelo/ El réquiem, el animero y los escogidos. El treno, los gallinazos y los cargueros. Las auras, los fantasmas, la Llorona y las Magdalenas. El arte acompaña, consuela, propicia una condolencia pública, finalmente llega. Lo que quiere decir que llega al final, después del evento lamentable. Y llega para escuchar el lamento, también para propiciarlo, para darle lugar a la comunidad del dolor. El arte llega al final, demasiado tarde. Llega junto con el forense, el sepulturero y el sacerdote. Llega con la tumba o para declarar su ausencia. Llega tarde, aunque finalmente llega. No podría ser de otro modo. El artista no es el testigo directo, no es el sobreviviente (superstes); es más bien un testigo de segunda mano, propiamente ocupa el lugar del tercero (terstis) que simboliza y representa las pérdidas. 1 Llegar tarde, dice Bal, “significa incapacidad, no solo para estar presente, sino para ser testigo del acontecimiento” (2014, 207). El sobreviviente, quien estuvo presente, es aquel que puede hablar por aquellos que no pueden, pues están desaparecidos, muertos o enmudecidos. En ese sentido, el testimonio es “una potencia que adquiere realidad mediante una impotencia de decir” (Agamben 2000, 153). En un contexto en el que permanentemente se niegan los hechos, las obras de arte revelan que los asesinatos, las desapariciones y las masacres realmente ocurrieron. La testificación, desde luego, se formaliza mediante recursos propiamente artísticos. Allí no se encuentra el tipo de testimonio capturado por el sistema judicial o el compilado por el historiador. Tampoco es la clase de testimonio que el técnico forense extrae de los restos humanos y objetuales. 2 Si bien el arte que se ocupa de la violencia puede recurrir a restos de cosas y de cuerpos, su propósito no es científico sino metafórico y metonímico. Mediante estos recursos las obras remiten, sistemáticamente, al cementerio, el féretro, el nicho fúnebre y la mortaja. Por ejemplo, en la obra “Atrabiliarios” (1992-93) de Doris Salcedo, no hay