Arte y religión en Cataluña durante los siglos XVI y XVII: el impacto de la Contrarreforma en la arquitectura y las artes visuales. Nuevas propuestas de análisis Sílvia Canalda Llobet Cristina Fontcuberta Famadas Carme Narváez Cases Universitat de València XVI Congreso Nacional de Historia del Arte Mesa IV.Tesis de Doctorado en curso de realización. Proyectos de investigación subvencionados. Otros estudios La política de aplicación de los decretos emanados del Concilio de Trento, generados en un momento espe- cialmente convulso en el seno de la Iglesia, introdujo importantes variables en la difusión doctrinal de la insti- tución durante las décadas siguientes a su promulgación. La jerarquía eclesiástica emprendió una decidida campa- ña de divulgación de los preceptos contrarreformistas apoyándose para ello en dos pilares fundamentales: por una parte, las visitas pastorales que los obispos llevaban a cabo a las parroquias de sus respectivas diócesis, durante las cuales tenían oportunidad de controlar y supervisar el correcto funcionamiento de los aspectos litúrgicos y la adecuación de los espacios rituales, y por otra la poten- ciación del papel ejercido por las órdenes religiosas. Éstas, diseminadas en buen número por el territorio europeo, y establecidas prioritariamente en los más importantes núcleos urbanos, se convertían en interesantes propaga- doras de las prescripciones trentinas al facilitar el adoctri- namiento del pueblo y su acercamiento a los sacramen- tos. En esta línea, la Iglesia vio con buenos ojos la forma- ción de comunidades observantes o de reforma en el seno de las antiguas órdenes monásticas y mendicantes, movimientos que en algunos casos dieron lugar a la cons- titución de nuevas congregaciones religiosas, como la de los capuchinos, fundada en 1528, o la de los carmelitas descalzos, establecida en el año 1580. Asimismo, la refor- ma católica se centró de manera concreta en la instaura- ción de nuevas órdenes entre las que, sin duda, destaca la de la Compañía de Jesús, congregación creada por San Ignacio de Loyola en 1534 y aprobada por el papa Pablo III en 1540. La sólida formación religiosa e intelectual de sus miembros y su voto de obediencia directa al papa explican por qué esta comunidad se convirtió a ojos de las autoridades de la Iglesia en la mejor arma posible para combatir los avances del protestantismo. Puestas, pues, al servicio de la propaganda contrarre- formista, y afectas en general a los decretos conciliares 1 y a las recomendaciones literarias de teólogos 2 en lo refe- rente a la cuestión de las imágenes, órdenes religiosas como la de los jesuitas, capuchinos o teatinos, desplega- ron esquemas adaptados a la doctrina postridentina tanto en sus construcciones como en el campo de las artes figurativas 3 . Si bien es cierto que estos esquemas se des- arrollaron en paralelo a los del ámbito parroquial, cabe apuntar que la masiva implantación de estas órdenes durante la segunda mitad del siglo XVI y la primera del XVII las convirtió en principales exponentes de las ten- dencias de la época en el campo de la construcción y de las artes plásticas. En el terreno de la arquitectura el mejor ejemplo lo constituyen nuevamente los jesuitas. Inspirándose en el modelo de las antiguas iglesias de pre- dicación, los jesuitas difundieron a través del Gesú de Roma un prototipo de templo que se ajustaba perfecta- mente a las necesidades de la nueva liturgia emanada de las disposiciones de Trento, y que, como tal, se convirtió en el patrón de templo contrarreformístico y, por exten- sión, de época barroca 4 . Y, en el de las artes figurativas, tengamos presente la política incesante de beatificaciones