L OS derroteros que ha seguido la política nicaragüense a lo largo de la historia son únicos. En poco más de un siglo Nica- ragua ha experimentado una ocupa- ción norteamericana, un régimen liberal oligárquico, una represiva dictadura familiar, otro régimen re- volucionario de corte socialista, una democracia liberal y, desde 2007 (con la vuelta de Daniel Ortega al poder) un sistema híbrido que combina ins- tituciones formalmente democráti- cas con elecciones autoritarias. Desde abril de 2018, el país se desliza hacia una violenta dictadura. Nicaragua irrumpió en la escena internacional a raíz de la Revolu- ción Sandinista (1979-90), y aún hoy todo lo que ocurre en el país se aso- cia o relaciona a ella. Pero ha llovido mucho desde entonces, y en la ac- tualidad ni Ortega ni el FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional) representan lo mismo que en la década de los ochenta. Es más, desde la vuelta al poder de Ortega – a raíz de unas singulares elecciones en 2006– Nicaragua ha experimen- tado un progresivo proceso de des- institucionalización y de involución democrática, fenómeno al que se ha sumado la gestión arbitraria de in- gentes recursos económicos en be- neficio de los familiares y los allegados del presidente. En principio, parecía que la vuelta del FSLN daría cuenta de la clásica frase que Karl Marx acuñó en El Die- ACTUALIDAD Salvador Martí i Puig es profesor de Ciencia Política de la Universidad de Girona e investigador externo de Cidob y del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca. 2 • SEPTIEMBRE/OCTUBRE DE 2018 • POLÍTICA EXTERIOR Salvador Martí i Puig La Nicaragua de Ortega evoluciona en paralelo a la Venezuela de Maduro: desmantelamiento de las insituciones y represión de las protesas. Una crisis inesperada pero previsible