176 TRADICIÓN Y VANGUARDIA: LA MODERNIDAD RESCATADA Rafael Gil Salinas, Ester Alba Pagán, Mireia Ferrer Álvarez y Daniel Benito Goerlich Tradición y vanguardia son, posiblemente, los dos principales signos característicos de la colección de la Diputación de Valencia. Entre las distintas dependencias de la Corporación conviven en la actualidad obras de importantes artistas de los siglos XV, XVII y XIX con otras piezas que son referentes de la vanguardia valenciana del siglo XX. Sorprende, además, que todavía hasta hoy no se haya difundido suficientemente la relevancia de muchas obras realizadas entre los años 1930 y 1960, claros exponentes de las vanguardias artísticas, que forman parte del legado patrimonial de la Diputación y que obligan a repensar el papel de la modernidad y la creación artística contemporánea valenciana. ¿Pero a qué es debido que una institución cuya trayectoria comenzó en 1833 cuente entre su legado artístico con algunas obras del siglo XV valenciano, del barroco o del neoclasicismo? Para responder a esta cuestión debemos adentrarnos en la propia historia de la Diputación de Valencia. Muy pocos años después de que la Diputación de Valencia comenzase su andadura para mejorar la administración de los intereses comunes de la provincia, tuvo que asumir parte de la gestión de las consecuencias de la Desamortización de Mendizábal. Como es bien conocido el proceso desamortizador se puso en marcha mediante los Reales Decretos del 19 de febrero y 8 de marzo de 1836 1 , a través de los cuales quedaban suprimidas las órdenes religiosas en España, monjes y frailes del clero regular, y “se procedía a la venta por el estado de todos los bienes raíces de cualquier clase que hubiesen pertenecido a las comunidades y corporaciones religiosas extinguidas, exceptuándose de esta medida general los edificios que el Gobierno destinase para el servicio público o para conservar monumentos de las artes, o para honrar la memoria de hazañas nacionales” 2 . El resultado fue, sin embargo, el expolio en conventos clausurados y la venta sin control de obras de arte. Ante esta situación las Diputaciones Provinciales organizaron en 1837 las denominadas Juntas de Amortización, que tenían la potestad de destinar los archivos, libros, cuadros y demás objetos de arte y cultura de las comunidades disueltas “a los institutos de ciencias y artes, a las bibliotecas provinciales, museos, academias y demás establecimientos de Instrucción Pública; como también los objetos de culto que no tuviesen un señalado mérito artístico a las parroquias”. De este modo, fueron muchas las pinturas de autores segundones que fueron cedidas para el culto a iglesias parroquiales. 1 Los Reales Decretos fueron publicados en la Gazeta de Madrid el 21 de febrero de 1836. 2 La Desamortización tuvo entre sus objetivos buscar ingresos para pagar la deuda pública del Estado, ampliar la base social del liberalismo con los compradores de bienes desamortizados y crear una base agraria de campesinos propietarios. Sin embargo no se solucionó el problema de la deuda pública y la mayor parte de los bienes desamortizados fueron adquiridos por nobles y burgueses urbanos adinerados. En cuanto a los edificios conventuales abandonados se destinaron para uso parroquial o se convirtieron en museos, cuarteles y hospitales, y en algunos casos fueron demolidos para la apertura de nuevas calles o el ensanche de las existentes.