bo de creatividad, la pintura es deudora de esa falta del sentido de la modernidad, característica de la pintura canaria del momento, como apunta el profesor Pérez Morera 1 . El lienzo, procedente de la ermita de Nuestra Señora de la Candelaria del Lomo, fue depositado en la cercana parroquia de San Juan Bautista hace varias décadas. Las primeras noticias de su exis- tencia corresponden al siglo XIX 2 , aunque se des- conocen su origen y su autoría. Aunque se haya apuntando a la figura de Cristóbal Hernández de Quintana como su posible autor 3 , los rasgos esti- lísticos y formales de la tela nos indican, en todo caso, su realización por algún seguidor tardío. Sin menospreciar su valía, controla los juegos cromá- ticos con el predominio de los tonos rojos y ocres, sobre los marrones y centralizando la escena con los colores blancos y rosáceos del sacerdote y el Niño Jesús. MJHG 1 Pérez Morera [1992], pp. 207-229. 2 Agradezco esta información a don Juan Alejandro Lorenzo Lima. 3 Riquelme Pérez [1990], p. 252; Hernández González [2002], p. 166, 12 Huida a Egipto Anónimo tinerfeño, mediados del siglo XVIII Óleo sobre lienzo, 94 × 132 cm Candelaria [Tenerife] Convento de Nuestra Señora de Candelaria Avisado San José en sueños por un ángel de la amenaza de Herodes, la Sagrada Familia se retiró para que pudiera cumplirse la profecía: «Yo llamé de Egipto a mi hijo» (Mt 2, 13-15). Este asunto ico- nográfico tuvo menos éxito que otros de la infan- cia de Cristo; y como las escenas del descanso en la huida o del regreso de Egipto —con el Niño ya algo crecido— ha servido de excusa a los artistas para recrearse en el paisaje, quedando a veces las figuras reducidas a dimensiones casi anecdóticas. No es éste el caso, pues la familia que parte al exi- lio es la verdadera protagonista. A pesar de la dis- tancia cronológica, la pintura mantiene postula- dos de principios del siglo XVII y se ajusta las reco- mendaciones iconográficas de Francisco Pacheco sobre este tema en su Arte de la Pintura; no obs- tante, nos parece probable que el anónimo autor de esta pintura se inspirase para componerla en una estampa. La presencia de una pintura muy parecida en colección particular tinerfeña —aun- que de peor factura— nos invita a considerar esta posibilidad, más que una simple dependencia entre ambas 1 . Coincide la disposición de los protagonistas: un ángel que encabeza el grupo como guía seña- lando el camino a seguir, la Virgen con el Niño arropado en su regazo, montada a la mujeriega sobre un asno y, finalmente, San José con los bár- tulos a hombros. Las actitudes no coinciden exac- tamente, pero hay una indudable sintonía en el planteamiento de los personajes y en el de la pro- pia escena, de desarrollo horizontal, quedando en un segundo plano el paisaje. Precisamente en este fondo se localizan las variaciones más desta- cadas. En el lienzo de Candelaria hay, en un plano intermedio, tres personajes más; en el lado dere- cho dos hombres que caminan en sentido inver- so a los peregrinos, y en el izquierdo otro varón del que apenas se ve su cabeza tocada con un gorro rojo. Es posible que su presencia radique en un pasaje del apócrifo Evangelio árabe de la infan- cia, que recoge el encuentro de la Sagrada Familia con unos bandidos 2 . Otro aspecto que vendría a avalar la hipótesis del recurso a la fuente grabada es que entre estos dos lienzos la composición está invertida, de modo que las semejanzas se hacen evidentes al MARÍA Y LA INFANCIA DE CRISTO 153 [12]