1 Colomer, Teresa (2008). "La constitución de acervos". En Bonilla, E.; D.Goldin, R.Salaberría (coords.). Bibliotecas y escuelas. Retos y desafíos en la sociedad del conocimiento. México: Océano, 378-405. La constitución de acervos Nuestra tesis es que el aprendizaje -especialmente el de la lectura- debe dar al niño la impresión de que a través de él se abrirán nuevos mundos ante su mente y su imaginación. Y esto no resultaría difícil si enseñáramos a leer de otra manera. Ver cómo un niño pierde la noción del mundo u olvida todas sus preocupaciones cuando lee una historia que le fascina, ver cómo vive en el mundo de fantasía descrito por dicha historia incluso mucho después de haber terminado de leerla, es algo que demuestra la facilidad con que los libros cautivan a los niños pequeños, siempre y cuando se trate de libros apropiados. Bettelheim y Zelan (1982) He utilizado esta cita en varias ocasiones, me parece una buena entrada en el tema de la selección de libros porque nos deja exactamente en la pregunta que subyace a nuestra perplejidad cuando abordamos este tema: ¿cuáles son los libros apropiados? Los adultos que ofrecen los libros a los niños y niñas han sentido siempre que establecer conscientemente unos criterios de selección es una cuestión tan indispensable como compleja. Lo fue en las discusiones de las bibliotecarias en el inicio de la creación de secciones infantiles hace más de cien años o ahora en las secciones juveniles y lo fue también en los debates sobre las lecturas de la escuela obligatoria, donde primaron los textos para la educación moral, las antologías con fragmentos clásicos y las enciclopedias escolares. Pero la discusión se amplió a partir de la entrada en la escuela de los libros “normales”: libros para niños y escritos de circulación social fuera del ámbito educativo (revistas, periódicos, libros de consulta, etc.); una fuerte tendencia renovadora producida alrededor de la década de los años setenta del pasado siglo y que dio lugar, por ejemplo, a las pioneras Bd, Bibliothèques Documentaires, francesas y a los rincones de libros y bibliotecas escolares de todo tipo que se han extendido en buena parte de los países occidentales. Si la lectura escolar estaba acumulando cada vez más funciones (de acceso al escrito, traspaso patrimonial, formación moral, manejo de la información, etc.) y se extendía un nuevo instrumento llamado “biblioteca escolar”, que debía satisfacer tanto las necesidades profesionales de los maestros, como las de todo tipo de los alumnos,