68 ACTAS DE LAS IX JORNADAS NACIONALES Y IV JORNADAS LATINOAMERICANAS DE INVESTIGACIÓN Y CRÍTICA TEATRAL Buenos Aires, del 10 al 14 de mayo de 2017. ISBN 978-987-46419-2-2 Desde la década del 40, comenzamos a observar una fuerte presencia de títeres en salas teatrales, la organización de los titiriteros en asociaciones, la publicación de textos dramáticos y teóricos y la apertura de espacios de formación en esta disciplina; factores que evidencian un período de crecimiento y profesionalización del teatro de títeres. En un trabajo sobre la dramaturgia para títeres en Argentina, Oscar H. Caamaño sostiene que la renovación del campo teatral que implicó el advenimiento del teatro independiente tuvo su correlato en el terreno de los títeres a partir de la aparición de lo que el autor bautiza como “pioneros o fundadores del moderno teatro de títeres” (2014). A partir de las décadas del 30 y del 40, según Caamaño, la posibilidad de contar con una sala estable y un elenco más numeroso permite el desarrollo de una nueva dramaturgia y “un factor que influyó en este sentido fue, seguramente, el movimiento de teatros independientes que se propusieron como meta el desarrollo de un Teatro de Arte para el teatro vivo” (Caamaño, 2014). Si bien Caamaño restringe las con- secuencias de esta relación a cambios en la dramaturgia, podemos llevar esta afirmación a otros terrenos. Así, observamos que los vínculos no solo se dieron en la escritura, sino que el movimiento de teatros independientes constituye un factor fundamental para pensar el devenir del teatro de títeres a partir de las salas y circuitos compartidos, de los intercambios entre artistas de ambas disciplinas y de los reclamos gremiales y político-culturales comunes. En una primera aproximación a estos diálogos, encontramos el caso del Teatro del Pueblo, agrupación que ofreció su sala a titiriteros profesionales como Javier Villafañe o los hermanos cordobeses Eduardo y Héctor Di Mauro al frente de La Pareja y que, además, organizó su propio elenco de titiriteros bajo la dirección de la actriz Rosa Eresky, que se llamó Los títeres de Rosita. Otros casos son el Departamento de Títeres, a cargo de Juan Enrique Acuña, que funcionó en el teatro IFT, o la doble tarea de Mane Bernardo como directora del Teatro La Cortina y del Teatro Argentino de Títeres. Carlos Gorostiza co- menzaría su carrera escribiendo obras para títeres y actuando como titiritero en los Títeres de la Estrella Grande, agrupación que también integró el esce- nógrafo Francisco Rojo Anglada. Los títeres en el Teatro Independiente: la experiencia del Teatro Escuela Fray Mocho Bettina Girotti (CONICET-UBA) bettina.girotti@hotmail.com