XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX XXX XXXXXXXX XXXXXX 54 Análisis 129 FÉLIX GARCÍA MORIYÓN Profesor de Filosofía FIGURAR, PREFIGURAR, TRANSFIGURAR INTRODUCCIÓN Me piden en la revista Acontecimiento que reflexio- ne sobre el tema «Lo posible: mejorar lo existente. La vida ‘refor-volucionaria’», título sugerente sobre to- do por el palabro entrecomillado. Me pongo con ello, partiendo de mis reflexiones sobre el tema iniciadas cuando estudié en profundidad, allá por los años se- tenta del pasado siglo, el pensamiento anarquista, so- bre todo el español y, para este tema en concreto, el de Ricardo Mella y Diego Abad de Santillán, quienes pensaron mucho sobre la revolución y, de forma bien diferente, la pusieron en práctica. Veinte años des- pués, traté el tema en «Ni reforma ni revolución» (Li- bre Pensamiento, n.º 27. Madrid, 1998. Págs. 61-73). Y pasados otros veinte años, vuelvo a abordar este tema, procurando revisar y actualizar lo que entonces exponía, si bien sigo compartiendo las tesis funda- mentales de aquellos años. DUALISMOS MANIQUEOS La tendencia a los dualismos maniqueos está muy arraigada en la historia de los seres humanos. Pode- mos verlo en el relato bíblico del Génesis en el que el inicio de la humanidad parte de la respuesta dada a un dilema tajante: comer de la fruta del árbol de la cien- cia del bien y del mal, lo que permitiría llegar a ser co- mo dioses (la serpiente dixit), o no comer, (el manda- to divino). Si bien a veces tenemos que afrontar ge- nuinos dilemas que nos obligan a tomar partido, con cierta frecuencia la peor decisión es aceptar el dilema y elegir una de las dos opciones. Perdemos así solu- ciones que hubieran podido tener en cuenta aspectos de los dos lados del dilema y hubieran sido con bas- tante probabilidad mejores opciones. En el dilema implícito en el título de la propuesta, la confrontación se da entre el reformismo pragmáti- co y la fuerza revolucionaria: pactar con lo que hay in- troduciendo algunos cambios o romper drásticamente con ello. Desde el punto de vista «revolucionario» to- do pacto con una situación social injusta debe ser re- chazado con energía, puesto que es en el fondo una claudicación y una renuncia a los propios ideales. La sociedad debe ser removida desde la raíz, hay que destruir para construir un mundo nuevo, como decía Proudhon. Al más puro estilo cátaro, los revoluciona- rios se ponen con mucha frecuencia a sí mismos en el lado de los buenos, como no podía ser de otro mo- do, y sitúan a todos los demás en el de los malos. Esta actitud se ha repetido, en especial desde el si- glo XVII, pues como dice Walzer, el imaginario revolu- cionario de los siglos XVII-XX corresponde a una expe- riencia histórica muy concreta, con unas connotacio- nes específicas, que denomina «la revolución de los santos» 1 . Frente a esa confianza en la capacidad puri- ficadora de la revolución, son muchos quienes con la ironía lampedusiana sancionan que una revolución es «una de esas batallas que se libran para que todo si- ga como está». Lo interesante de la propuesta de Walzer es que si- túa ese dualismo en un contexto específico, lo que permite abandonar generalizaciones que son, en defi- nitiva, vacías. Los santos de los que habla Walzer han sido muy activos y se han hecho presentes en revo- luciones varias, como la Francesa (1789), pasando por la Comuna de París (1871), la Revolución Mexicana (1910), la Rusa (1917) o más recientemente la Revo- lución Cultural China (1966), la de los Jemeres Rojos (1975) o la del ISIS (2014). Todas ellas, como bien di- ce Seidman 2 , comentando un libro de Payne sobre las revoluciones europeas, han sido un perfecto ejemplo del «banco del carnicero» del que habló Hegel, banco 1. Walzer, M. La revolución de los santos. Madrid. Katz. 2008 2. Seidman, Michael. «La matanza europea». Revista de libros, 175-176, 2011.