131 PERSONAJES SECUNDARIOS Los enfant prodige frecuentemente son descritos como relámpagos que atraviesan un cielo sereno: llegan, alte- ran todo y se van. Son los primeros, en absoluto. Pero, al mismo tiempo, conocemos muy pocos enfant prodige que se hayan convertido, al menos en el apenado mun- do de la literatura, en prodige adultos: que hayan esta- blecido una carrera duradera, dejándonos vestigios sus- tanciosos. Sus vidas se prestan para un trágico epílogo o para un vuelco imprevisto, una fulguración espiri- tual que los apague y los obligue a huir de la literatura o de la vida. Si los dioses desean a los jóvenes, entonces quien es joven y prodigioso, al parecer, resulta aún más atractivo. Una de las fábricas más eficientes de niños prodigio ha sido Francia, justo entre el siglo XIX y el XX. Los pri- meros que se nos vienen a la cabeza son tres “clásicos”: antes que nadie, incluso en orden cronológico, el infalta- ble Rimbaud; e inmediatamente después, casi contem- poráneamente, se encuentran Radiguet y Alain-Four- nier, probablemente menos famoso que su Le Grand Meaulnes, la única novela que Sal Paradise de On the Road se permite llevar consigo a su vagancia. ¿Cuál es una de las características en común más evidentes de estos enfant prodige, además de ser frecuentemente un desafío a la moral de su época? Los tres nos demues- tran que no habrían sido tales sin su propio Pigmalión o controcanto; al cual rara vez sobrevivieron, pues, como ya dijimos, fueron estrellas fugaces. TEORÍA DEL MONSIEUR BÉBÉ Alessandro Raveggi Traducción de Valeria Farill Jean Marais. Fotograma de la película Orphée de Jean Cocteau, 1950