Semiárido: un desafío para la Ciencia Semiárido: un desafío para la Ciencia del Suelo del Suelo 13 al 16 de mayo de 2008 13 al 16 de mayo de 2008 Potrero de los Potrero de los Funes Funes (SL), Argentina (SL), Argentina SISTEMAS DE LABRANZA Y NUTRICION NITROGENADA DE MAIZ (Zea mays L.) EN EL SUDESTE BONAERENSE Rodriguez, S. 1,2 , G. A. Studdert 2 ; H. E. Echeverría 2 y S. Bordenave 3 (1) Tesista de grado, Fac. Cs. Agrarias, UNMdP; (2) Unidad Integrada Balcarce; (3) Asesor Privado. CC 276, (7620) Balcarce, Buenos Aires, E-mail: gstuddert@balcarce.inta.gov.ar RESUMEN: En el sudeste bonaerense la agriculturización, la mayor superficie con cultivos de verano y el uso de labranzas agresivas (labranza convencional, LC) han provocado la degradación de los suelos. El objetivo de este trabajo fue evaluar el efecto de la LC, la siembra directa (SD) y la labranza vertical (LV), de la fertilización con N y del riego, sobre el suelo y el cultivo de maíz. La menor temperatura bajo SD respecto a LC provocó un atraso en la emergencia y en alcanzar V6 y floración de 2,2, 4,5 y 6,6 días, respectivamente. Para LV el atraso hasta emergencia fue de 0,5 días. Hubo mayor acumulación de agua bajo SD respecto a LC. La LV habría perdido más agua que LC. No hubo diferencias entre laboreos en el contenido de N del suelo a la siembra. Sí las hubo en V6 (LC> SD=LV). En secano y con riego, las plantas bajo SD presentaron menor acumulación de materia seca y N. Ni en secano ni con riego hubo diferencias en rendimiento entre laboreos y sólo hubo respuesta significativa a N con riego. Para el sudeste bonaerense la LV sería una alternativa para atenuar la erosión sin inhibir la capacidad del suelo de proveer N. Debería reducirse la pérdida de agua en LV, complementando el arado de cinceles con prácticas que reduzcan la mayor pérdida de agua. Palabras Clave: maíz - sistemas de labranza - nitrógeno. INTRODUCCION La mayor actividad agrícola en el Sudeste Bonaerense (SEB) en las últimas dos décadas se ha asociado a un exceso de laboreo conduciendo a una degradación de los suelos (Echeverría y Ferrari, 1993). Este proceso se tradujo en menor productividad y en mayor exposición a la erosión hídrica (Blevins y Frye, 1993) que en suelos como los del SEB mayormente ubicados en pendientes entre 2 y 8%, es un grave proceso degradativo. Por otro lado, la superficie sembrada con cultivos de verano se ha incrementado (SAGPyA, 2006), aumentando el riesgo de erosión debido a la escasa cobertura entre octubre y diciembre, momento con alta erosividad de lluvias (Studdert y Echeverría, 2000). Una estrategia de control de la erosión es proteger la superficie del suelo con la cobertura que ofrece la vegetación y/o los residuos de cosecha. La labranza conservacionista es aquélla asociada a una menor intensidad y agresividad de las labores y a la presencia de rastrojos en superficie. Estos protegen al suelo del impacto de la gota de lluvia y reducen el volumen y la velocidad del escurrimiento, conducen a un mejoramiento de la condición física (Blevins y Frye, 1993), a un incremento de la materia orgánica (MO) en la capa superficial (Eiza et al., 2005) y a una mejor conservación del agua (Blevins y Frye, 1993). No obstante, los residuos en superficie inciden sobre el balance de radiación del suelo, ocasionando menor temperatura (Kravchenko y Thelen, 2007). Asimismo, se la asocia a menor disponibilidad de nitrógeno (N) por mejores condiciones para algunos mecanismos de pérdida, una inmovilización más intensa y sostenida, y una menor tasa de mineralización (Echeverría y Sainz Rozas, 2001). El caso más extremo de labranza conservacionista es la siembra directa (SD). Por otro lado, herramientas de corte vertical como el arado de cinceles, “esponjan” el suelo sin invertirlo dejando cámaras de aire en la capa removida, e incorporando sólo un 20-30% del rastrojo (Noacco, 1981). La inclusión del maíz en las rotaciones deja elevado volumen de rastrojo con alta relación carbono:nitrógeno (C:N), lo que influye positivamente sobre la dinámica de la MO y la cobertura del suelo. Las condiciones del SEB, permiten elevados rendimientos potenciales de maíz, pero el cultivo es muy sensible a las deficiencias hídricas en floración y tiene altos requerimientos de N (Andrade et al., 1996). Para que la mayor disponibilidad de agua en suelos bajo labranza conservacionista se traduzca en mayores rendimientos, el suministro de N debe ser adecuado. La utilización de sistemas de labranza que fomenten la mineralización de N edáfico, dejando cobertura para conservar el agua, podría ser una práctica de manejo adecuada para producir maíz en el SEB reduciendo los riesgos de