La engañosa agua del lenguaje: Las palabras y el neobarroco en la poesía mexicana 1 José Homero “su principal objeto no dejará de ser por ello el conjunto de sistemas fundados sobre lo arbitrario del signo” Ferdinand de Saussure La importante y polémica reunión de poesía neobarroca Medusario compilada por Roberto Echavarren, José Kozer y Jacobo Sefamí sitúa a Gerardo Deniz y José Carlos Becerra entre los más antiguos exponentes de este movimiento. Además de incluir entre los restantes diecisiete poetas a otros dos mexicanos: Coral Bracho y David Huerta, se enuncia en la “Razón de esta obra” otra posible muestra de poesía neobarroca entre quienes se mencionan cinco mexicanos: Alberto Blanco, Alfonso D’Aquino, Josué Ramírez, Jaime Reyes y José Luis Rivas. Si otorgamos valía al esfuerzo programático de Medusario, constatar que nueve poetas mexicanos son denominados neobarrocos debería inducirnos a considerar tal movimiento como una de las tendencias recientes de nuestra poesía. Desde esta perspectiva Medusario posee amén de sus méritos más notorios y reconocibles por un público amplio, la utilidad para el lector y crítico mexicano de trazar una genealogía uniendo voces que antes se tomaban como aisladas expresiones. Todo movimiento parece impreciso en el momento de su formulación. Como los rostros de los niños donde en vano nos afanamos en percibir adultos rasgos. Al cabo de los años esas líneas indecisas se van decantando hasta que podemos definir en unos cuantos trazos el movimiento. Sin pretender conjeturar una definición del neobarroco, postulo uno de sus rasgos más acusados el elemento antimetafísico, que defino como recelo ante la existencia de una verdad y realidad trascendentales y el acuerdo en el mundo como ficción. Friedrich Nietzsche procuraba el advenimiento de una edad en que la verdad se encontrase al servicio de la vida y no a la inversa como hasta entonces había prevalecido postulando que la verdad no existía, que todo conocimiento estaba fundado en una mentira necesaria para la conservación 2 . Guillermo Sucre resume esta situación: Pasión del lenguaje y rebelión contra el lenguaje: quizá estas dos actitudes no representan lo mismo para el escritor de antes, o le eran parcial o totalmente desconocidas. Antes, en efecto, el lenguaje no fundaba sino que estaba fundado en una verdad o en un orden superior y trascendente. El escritor podía o no interrogarse sobre el lenguaje, pero finalmente confiaba su validez a esa garantía superior; creía 1 Publicado como “El neobarroco en la poesía mexicana”, Revista de Literatura Mexicana Contemporánea, vol. 2, núm. 5, abril-julio de 1997, Universidad de Texas en El Paso. 2 …nosotros estamos inclinados a afirmar por principio que los juicios más falsos (de ellos forman parte los juicios sintéticos a priori) son los más imprescindibles para nosotros, que el hombre no podría vivir si no admitiese las ficciones lógicas, si no midiese la realidad con la medida del mundo puramente inventado de lo incondicionado idéntico-a-sí-mismo, si no faltase permanentemente el mundo mediante el número, que renunciar a los juicios falsos sería renunciar a la vida, negar la vida. F. Nietzsche (Savater: 73)