La literaturidad Jonatha Culler En Angenot, M., Bessière, J., Fokkema, D. y Kushner, E. (1989) Teoría Literaria. México: Siglo XXI. 1993 ¿Qué es la literatura? Esta pregunta, que parece imponerse como la pregunta base de los estudios literarios y como el objeto primordial de la teoría literaria, se puede comprender de diferentes maneras: en primer lugar, como una pregunta sobre la naturaleza general de la literatura. ¿Qué tipo de objeto o de actividad es la literatura? ¿Para qué sirve? ¿Por qué estudiarla? ¿Cuál es su lugar en la diversidad de las actividades humanas? Comprendida de esta manera, se trataría de una pregunta no de definición, sino de caracterización, y esto porque interesaría a todos los que se ocupan de literatura y querrían saber por qué dedicarse a esta actividad y no a otra. Pero "¿qué es la literatura?" también podría significar qué es lo que distingue a la literatura de otras cosas: ¿qué la distingue de otros discursos o de otros textos, de otras representaciones?, ¿qué la distingue de otros productos del espíritu humano o de otras prácticas? Preguntarse cuál/es es/son la o las cualidades distintivas de la literatura es plantear la pregunta de la literaturidad: ¿cuál es o cuáles son los criterios que hacen que algo sea literatura? A pesar del carácter aparentemente central de esta pregunta acerca de los estudios literarios, hay que confesar que no se ha llegado a una definición satisfactoria de la literaturidad. Northrop Frye, en su libro sistemático Anatomy of criticism, tiene razón cuando declara que "no disponemos de verdaderos criterios para distinguir una estructura verbal literaria de una que no lo es" (1966, 13). Hay varias razones para ello. Si reflexionamos un momento, nos damos cuenta de que hay dificultades de principio así como dificultades empíricas. Existe una inmensa variedad de obras literarias y una novela determinada, por ejemplo, A la recherche du temps perdu o Jane Eyre, se puede parecer mas a una autobiografía que a un soneto, mientras que una poesía lírica de Burns, de Heine o de Verlaine se parece mas a una canción que una obra de teatro de Sófocles. Así pues, un primer problema consistiría en saber si existen propiedades interesantes que posean todas las obras que denominamos literarias y que las distinguen de objetos no literarios a los que se parecen. Pero esta pregunta se vuelve más difícil en una perspectiva histórica, por poco que lo sea. Según un célebre experto en poesía, "la frontera que separa la obra poética de la que no es obra poética es más inestable que la frontera de los territorios administrativos de China" (Jakobson, 1973). No hay más que pensar en algunos poemas modernos que en otras épocas no se habrían considerado como literatura. Los talk poems del poeta norteamericano David Antin, por ejemplo, ponen de manifiesto un discurso que no puede ser más común, sin rimas ni ritmos ni figuras especiales, y que posee todas las vacilaciones y repeticiones del habla cotidiana. Cuando el auge del nouveau roman francés, muchos críticos y lectores pretendían que estas construcciones sin personajes y sin las intrigas tradicionales tampoco eran literatura. Estos textos no habrían podido llevar el nombre de "novela" en el siglo XIX.