INTRODUCCIÓN La publicación reciente del Diccionario panhispánico de dudas por parte de la Real Academia española, y la Asociación de Academias de la Lengua Española, es motivo de regocijo entre los que nos dedicamos a cuestiones lingüísticas, entre los que tenemos como tarea diaria la enseñanza de la lengua española en cualquiera de sus niveles educativos. Por ello, no podemos pasar por alto la aparición de esta obra lexicográfica y con ella, mostrar, por un lado, su naturaleza específica y por otro, las posibles aplicaciones y referencias que posee la misma para cuestiones de didáctica de la lengua en el aula: no basta con señalar los principales rasgos de una obra, sin valorar ni concretar su utilidad en el quehacer educativo diario; no es suficiente con el júbilo de un vástago nuevo, sino somos capaces de extraer toda el alma que han puesto en ella, los veintidós cuerpos académicos. 1. LA DUDA COMO PRINCIPIO DEL CONOCIMIENTO: EL CONCEPTO DE DUDA LINGÜÍSTICA Comencemos desde el principio. Desde la duda. La duda como método, como viaje iniciático hacia el conocimiento. Ya lo dijo Descartes. Dudar de todo. Dudamos y nos preguntamos acerca del mundo y lo que nos rodea. La duda y la pregunta que exige consecuentemente una respuesta, una solución al enigma. Sin preguntas no hay respuestas y sin respuestas no hay oraciones causales, ni porqués, ni razones, ni motivos para actuar, decir, o defender. Los hablantes dudamos de la lengua, y dudamos porque la usamos diariamente, cotidianamente. Porque la lengua es un instrumento poliédrico, una moneda de cambio, un caleidoscopio que va girando y cambiando a cada instante. Y a cada instante nos surge una cuestión acerca de los usos lingüísticos: ¿cómo se dice tal cosa?, ¿cómo se pronuncia tal otra?, ¿cuál es la forma más adecuada entre estos dos usos? Principia en su prólogo el Diccionario Panhispánico de dudas 1 (DPD) constatando una realidad que, al mismo tiempo, sirvió de estímulo para la realización de la misma: ‘Centenares de hispanohablantes de todo el mundo se dirigen a diario a la Real Academia Española, o a cualquier otra de las que con ella integran la Asociación de Academias de la Lengua Española, exponiendo sus dudas sobre cuestiones ortográficas, léxicas o gramaticales y pidiendo aclaración sobre ellas’. Y es que, todos, de alguna manera u otra, hemos dudado acerca de los usos del lenguaje. Aunque, –como expresa Martínez de Sousa 2 en su Diccionario de usos y dudas del español actual–, ‘las dudas de este tipo, que afectan a todos, están en relación inversa con el nivel de competencia lingüística del usuario. Pero con todo, nadie está libre de plantearse cuál de dos o más variantes léxicas es la más adecuada y cuál de dos o más grafías es la más correcta en un momento determinado’. Errare humanum est. Ya decía el mismísimo Lázaro Carreter, adalid de la corrección lingüística, que ‘la duda es absolutamente necesaria’ y que ‘si cada vez que pronuncias una palabra te preguntas si estás metiendo la pata es bueno porque tienes conciencia crítica’. El propio autor de El dardo en la palabra, reconoció una vez que el error, quizás, más grande que se había cometido en la Academia fue consumado por él, en el discurso que pronunció en los actos conmemorativos del centenario de Santa Teresa de Jesús: ‘dije que era testiga de Dios’. Dudar implica, como expone el DRAE, ‘tener el ánimo perplejo y suspenso entre resoluciones y juicios contradictorios, sin decidirse por unos o por otros’; y la duda se define como la ‘suspensión o indeterminación del ánimo entre dos juicios o dos decisiones, o bien acerca de un hecho o una noticia’. Dudar proviene etimológicamente del verbo latino dubitare, que a su vez dio las formas cultas dubitación, sinónimo de duda, y dubitativo, adjetivo que ‘implica o denota duda’. Ahora bien, el concepto de duda, aplicado al ámbito lingüístico, es definido por Martínez de Sousa 3 como la ‘indeterminación o vacilación ante dos o más opciones, es decir, ante dos Vida Hispánica, Spring 2006, No 33, 0–00 No 33 Spring 2006 El Diccionario Panhispánico de dudas: naturaleza y esencia Gonzalo Águila Escobar Universidad de Granada “” Address for correspondence: Gonzalo Águila Escobar 1