Lo que llevo en mi maleta para conocer una nueva tierra: Relato de un viaje en la frontera. Acá estoy yo, caminando al territorio de las ciencias humanas y sociales, para reconocerlo mientras lo recorro, para encontrarme con sus habitantes, para aprender sus quehaceres mientras hago —escribir, mirar y describir, leer para analizar y conceptualizar—. Antes había hecho visitas cortas a este lugar y me había encontrado en otros espacios con quienes le habitan. Esas visitas previas, de la mano de mujeres nativas 1 cuestionaron lo que muchas veces se da por sentado en la tierra del diseño: una distancia para mirar, la intención de solucionar problemas, la aparente necesidad existente por el diseño, los lenguajes abstractos que solo entendemos quienes somos nativas y nativos, las fórmulas mágicas —metodologías-métodos— que parecían siempre funcionar. Estas visitas se fueron volviendo más largas, más críticas de mi propio hacer, más necesarias —Proyectos realizados en conjunto con Artesanal tecnológica 2 tales como: el Costurero viajero, Cuando el hacer textil documenta, la clase llamada Costuras— así que tomé la decisión de buscar un espacio en este territorio para entender mi propia práctica, mis recorridos e historias. Voy con mis maletas llenas de lo que soy, de mis quehaceres de diseño y los de tejedora, pero ¿qué significa hacer en este nuevo (para mí) territorio? ¿qué es lo que trae el diseño y los textiles al lugar al que llego? ¿Qué hace de vuelta el territorio de las ciencias humanas y sociales a lo que llevo en mi equipaje? Soy diseñadora industrial de formación, disciplina que nace en el interés por aumentar la calidad de vida de las personas y la competitividad de los bienes producidos en masa (Bürdek, 2005; Escobar, 2014) soy consciente de la inseparabilidad histórica de mi profesión con la modernidad y las lógicas capitalistas del mercado (Suchman, 2018). De nuestra tendencia a producir diseños desde ninguna parte (Suchman, 2002) que se esperan que se ajusten a todos, o incluso que todos se ajusten a ellos. Pero, también sé de sus búsquedas por convertirse en un lugar que abra discusiones sobre la sociedad y la política (Domer, 1993 p.10), que convoque a audiencias heterogéneas y posibilite su participación (Botero, 2014), que abrace la incertidumbre y valore el proceso (Lindström y Ståhl, 2015). El diseño es una profesión práctica y proyectual. Cuando hablo de proyectual, me refiero tanto a la acción de lanzar algo para que llegue más lejos de donde estamos —lanzarlo al futuro—, como al hecho de que nuestro hacer está basado en proyectos. Como nativa de este territorio me formé para dar alternativas a como son las cosas, a visualizar e imaginar cómo se quiere que sea el futuro, a invitar a producirlo en colectivo (Escobar, 2014; Dunne y Raby, 2013). El diseño tiene también una relación cercana con la producción de materialidades, exploramos medios y negociamos con los materiales (Ingold, 2011) para traer los conocimientos del mundo de lo intangible al de lo tangible, les 1 Tania Pérez-Bustos, Alejandra Chocontá-Piraquive, Natalia Quiceno, Isabel Gonzalez. Y otras mujeres que me acompañaron con sus letras sobre textiles y/o tecnofeminismo: Esther Andradi, Annuska Angulo y Miriam Mabel Martínez, Roberta Bacic, Elizabeth Groeneveld, Elizabeth Hallam, Donna Haraway, Kristina Lindström, Åsa Stålh, Roszika Parker, Claire Pajaczkovska, Sadi Plant, Beth Ann Pentney, Sarah Pink, Stephanie Springgay, Lucy Suchman, Judy Wajman. 2 artesanaltecnologica.org Este texto es deliberadamente diseñado como parte de mi trabajo en el borde, en las ciencias sociales y humanas, desde la escritura, reflexividad y conceptualización; y desde el diseño desde la composición y embellecimiento para la comunicación. Al leerlo se encontrará unos apartes en este color ( ) dentro o fuera del texto que detallarán o darán ejemplos de lo que presento. Algunos de estos apartes se conectan con el texto y esperan aclararár o complementar lo dicho.