Devolviendo la vida a las cosas: Enredos creativos en un mundo de materiales Tim Ingold (Trad. A. Auteri) En sus cuadernos el pintor Paul Klee insistía repetitivamente, y demostraba con ejemplos, que los procesos de génesis y crecimiento que dan lugar a las formas en el mundo que habitamos, son más importantes que las formas en sí. “La forma es el fin, la muerte”, escribió. “Dar forma es movimiento, acción. Dar forma es vida” (Klee, 1973: 269). Esto, por otro lado, yace en el corazón de su celebrado “Credo Creativo” de 1920: “El arte no reproduce lo visible sino que hace visible” (Klee 1961: 76). En otras palabras, no busca replicar formas terminadas que ya están fijas, ya sea como imágenes en la mente o como objetos en el mundo. Lo que busca, en cambio, es unirse con aquellas mismas fuerzas que traen la forma a la existencia. Por eso la línea crece desde un punto que ha sido puesto en movimiento, como la planta crece de su semilla. Tomando el ejemplo de Klee, los filósofos Gilles Deleuze y Félix Guattari argumentan que la relación esencial, en un mundo de vida, no es aquella entre materia y forma, o entre sustancia y atributos, sino entre materiales y fuerzas (Deleuze and Guattari 2004: 377). Se trata de la manera en la que materiales de todo tipo, con diversas y variables propiedades, y animados por las fuerzas del Cosmos, se mezclan y funden uno con el otro en la generación de cosas. Y lo que ellos tratan de superar con su retórica es la persistente influencia de una manera de pensar sobre las cosas, y cómo estas son hechas y usadas, que ha estado presente en el mundo occidental durante los últimos dos milenios y más. Se remonta a Aristóteles. Para crear cualquier cosa, razonaba Aristóteles, hay que juntar forma (morphe) y materia (hyle). En la posterior historia del pensamiento occidental, este modelo hilemórfico de la creación se integró cada vez más profundamente. Pero también se volvió cada vez más desbalanceado. La forma llega a ser vista como impuesta, por un agente con un fin particular o un objetivo en mente, mientras que la materia - por lo tanto considerada pasiva e inerte - es aquello sobre lo que es impuesta. El argumento crítico que deseo desarrollar es que las discusiones contemporáneas en campos que abarcan desde la antropología y arqueología, hasta la historia del arte y estudios sobre cultura material, continúan reproduciendo los supuestos subyacentes del modelo hilemórfico incluso cuando buscan restablecer el balance entre sus