TUCÍDIDES Y LA DEMOCRACIA D escubrir al pensador político en un escrito historiográfco como la Historia de la guerra del Peloponeso de Tucídides no es nada sencillo dada, no solo su prosa altamente conceptual, sino incluso la misma composición de una obra en la que la polifonía que nos proporcionan las numerosas antilogías se combina con el modo con el que su autor se eclipsa tras el relato. En lo único en lo que parece que coinciden todos sus exégetas es en que Tucídides admi- raba su ciudad y a Pericles. Más allá de lo señalado, es enigmática su posición política en abstracto 1 . Hasta el punto de que algunos especialistas recientes lo han interpretado como pensador democrático (Farrar 1988: 126 ss.), y otros como un enemigo de la democracia (Ober 1997: 54 ss.). En ese sentido con- viene recordar que la antítesis democracia / oligarquía 2 se clarifca y delimita solo como efecto de la contienda militar, y que Tucídides, en realidad, se atiene más a la polaridad polis / monarca (incluido tanto el tirano como el rey “bár- baro”) que a la de oligarquía / democracia (Pope 1988: 277-278), y que el con- ficto entre Atenas y Esparta es, para él y en principio, una lucha por el poder que, solo secundariamente, es reforzada por la propaganda política en el seno de cada ciudad y globalmente en toda la Hélade. Mi interés al abordar esta cuestión es el de contribuir al debate sobre la vi- sión política del historiador y, de paso, también invitar a la refexión sobre qué *Trabajo realizado en el marco del proyecto HAR2015-63549-P (MINECO / FEDER). 1. Saïd 2013: 203-204, 209 opina que Tucídides no muestra su inclinación política y que critica tanto al dêmos como a los oligarcas, así como la propaganda de ambos. Tucídides, escribe, sin alabar el gobierno de las masas, opina que un buen sistema político debe contar con ellas. 2. El interesante trabajo de Frazier 2003 diferencia los usos sociales y los políticos de dêmos. Cf. asimismo Caire 2016: 42-43. LAURA SANCHO ROCHER Universidad de Zaragoza *