Introducción al libro El hombre de Arena/ La Noche de San Silvestre Por Silvana Castro Dominguez La importancia de ser Ernst Hoffmann fue abogado, juez, pintor, músico, cantante y escritor. Su mayor fama sin duda la alcanzó con sus obras literarias, pero también como compositor fue muy admirado por artistas de la talla de Beethoven o Wagner y sus obras inspiraron óperas, conciertos y ballets. Al igual que otro gran escritor del momento, Goethe, fue un intelectual polifacético, avocado de lleno al Romanticismo y a las nuevas ideas de libertad de la juventud alemana. Pese a que la época en que le tocó vivir fue bastante dura, y debió cambiar varias veces de ocupación y residencia a causa de los acontecimientos políticos y militares, Hoffmann mantuvo siempre su dedicación y su genio encendido aplicados de lleno a la creación de obras inmortales, precursoras en lo literario del fantástico moderno y la ciencia ficción, donde se mezclan los relatos tradicionales, la filosofía, la reflexión literaria y la aguda percepción psicológica, que inspirara cien años después a Sigmund Freud. Sus cuentos se caracterizan, además, por la utilización de procedimientos literarios sorpresivamente actuales, como la alteración de la cronología, la puesta en abismo o los cambios de narrador. Es por eso que ETA Hoffmann no es solamente una figura central en la cultura alemana, sino uno de los escritores más lúcidos del primer Romanticismo en Europa y sus textos son fundacionales de toda la literatura gótica, de terror y fantástica que luego cultivarían sus seguidores: Poe, Lovecraft, Bradbury y muchos más. Para tener una visión completa del autor es importante que conozcamos su vida, su cultura, pero también los acontecimientos políticos y sociales que lo rodearon, ya que toda obra se inserta y es a la vez producto de un contexto sociohistórico. No es casual que muchos grandes escritores hayan surgido en épocas difíciles, ya que el conflicto mueve al cambio, al deseo, al progreso. Los artistas, intelectuales, pensadores se reúnen en grupos donde se conversa y se debate sobre la cultura, la vida y el destino. ¿Cómo crear, cómo crecer, cómo cambiar? Estas preguntas eran también las que movían a los jóvenes a fines del siglo XVIII, preguntas sin respuestas o con múltiples respuestas, que han sabido buscar y encontrar una y otra vez las distintas generaciones. Pero veamos primero un poco qué estaba pasando en Europa en la época de Hoffmann. Guerra tras guerra Ernst Theodor Wilhelm Hoffmann nació un 24 de enero de 1776 en la capital de Prusia Oriental 1 , la ciudad de Königsberg (“el monte del rey”), que en 1945 durante la Segunda Guerra Mundial sería tomada por el Ejército Rojo, pasando a formar parte del territorio de (la hoy llamada) Rusia como Kaliningrado. En la época de Hoffmann, en cambio, Prusia era un país fuerte; había salido victorioso de la Guerra de los Siete Años, un conflicto que involucró gran cantidad de países y territorios, no solo en Europa, sino también en Asia y América, lo que lo había confirmado como una de las principales potencias militares del mundo. A esto siguió un período de paz y esplendor prusiano. Sin embargo, ya desde su adolescencia, Hoffmann vio a su país casi permanentemente en guerra, puesto que a partir de 1792, Prusia intervino en una serie de coaliciones en que las principales potencias europeas se aliaron para frenar el republicanismo 2 francés. La primera vez fueron España, Italia, Austria, Prusia y el Reino Unido y la segunda en 1798, los mismos más el Imperio Ruso, el Reino de Portugal y el Imperio Otomano. Por cierto, era una lucha bastante desigual, pero las cosas cambiaron cuando, un año después, Napoleón se hizo cargo del empobrecido gobierno francés y el fallecimiento de la zarina Catalina II, hizo que Rusia abandonara la contienda. El ejército de Bonaparte, que contaba solamente con 300.000 hombres contra las fuerzas de toda una coalición de los países más fuertes, peleó con ferocidad, el entusiasmo francés creció al punto de que día a día más jóvenes se unían a las tropas, que llegaron a superar el millón de soldados, lo cual sumado al genio militar de Napoleón llevó al cese de hostilidades en 1802. Si para el resto de Europa la cuestión era primeramente evitar que se propagaran las ideas republicanas francesas, ahora era simplemente acabar con Napoleón, que fue coronado Emperador en 1804. 1 Tras la guerra franco-prusiana, Prusia se unificó como Alemania. 2 Se llama Republicanismo a la teoría política según la cual la república es el mejor sistema de gobierno. Tras la Revolución Francesa, las monarquías europeas –España, Prusia, Imperio Austro-Húngaro y demás- temieron que el afán revolucionario se extendiera hacia sus territorios.