32 Justicia social y desigualdad La vieja y la nueva cuestión social, una mirada histórica Ester García Moscardó En los últimos tiempos, el crecimiento de la desigualdad económica se ha con- vertido en un elemento relevante del debate público. Los medios de comunica- ción se hacen eco de diferentes informes y estudios, elaborados por instituciones públicas o privadas, que vienen a confirmar la idea de que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. La situación de crisis ha agudizado el interés por un fenómeno que, si bien no es nuevo, parece haberse profundizado en la actual coyuntura económica. Recientemente, se ha publicado en prensa que los salarios en España han caído una media de un 2% anual desde que comenzó la actual crisis. 1 La deva- luación, sin embargo, no se ha resuelto de forma equitativa: entre 2008 y 2012, el 10% de los salarios más bajos cayeron un 17%, mientras que el 10% más alto descendió poco más del 2%. Los expertos apuntan que el desplome de los salarios más bajos no se debe solo a la bajada de sueldos, sino también a la destrucción de empleos mejor pagados y al aumento de la contratación en con- diciones precarias. 2 Por otra parte, las 100 mayores fortunas españolas vinculadas a negocios que cotizan en Bolsa acumularon 88.735 millones de euros en 2013, un 13% más que en 2012; más de la mitad de esa cantidad está en manos de una sola familia. 3 Para completar el panorama, se puede señalar que la población en riesgo de pobreza o de exclusión social ha crecido 5 puntos porcentuales desde 2006, afectando en 2012 al 28’2% de la población total, mientras que el número de millonarios creció un 13% entre 2012 y 2013. 4 Esta tendencia a la concentra- ción de ingresos se ve confirmada por los indicadores de desigualdad europeos, ya que el índice de Gini ha crecido 4 puntos desde 2004, alcanzando en 2012 el valor 35’0. Es de los más altos de Europa, solo por detrás de Letonia. 5 Al hilo de estos datos y otros, el presidente Mariano Rajoy fue interrogado, en una conocida entrevista, sobre las medidas que pensaba tomar el Gobierno para luchar contra el crecimiento de la desigualdad. En primer lugar, el presidente puso en duda los datos, arguyendo la imprecisión de los indicadores. En segundo lugar, afirmó que no creía que hiciera falta ningún mecanismo específico para corregir la des-