El Estado Por Frédéric Bastiat (1801-1850) Composición aparecida en el Diario de Debates, número de Septiembre 25 de 1948. Traducción hecha del francés por Alex Montero Yo quisiera que se creara un premio, no de quinientos francos, sino de un millón, con coronas, cruz y cinta en favor de aquél que diera una definición buena, simple e inteligible de esta palabra: El Estado. ¡Qué inmenso servicio proporcionaría a la sociedad! ¡El Estado! ¿Qué es? ¿Dónde está? ¡Qué hace? ¿Qué debería hacer? Todo lo que nosotros sabemos es que es un personaje misterioso, y seguramente el más solicitado, el más atormentado, el más atareado, el más aconsejado, el más acusado, el más invocado y el más provocado que hay en el mundo. Porque, Señor, no he tenido el honor de conocerle, pero yo apuesto diez contra uno a que después de seis meses Usted hace utopías, y si Usted hace utopías, apuesto diez contra uno a que Usted encarga al Estado de realizarlas. Y Usted, Señora, estoy seguro de que desearía en el fondo de su corazón curar todos los males de la triste humanidad y que Usted no estaría de ningún modo molesta si el Estado quisiera solamente prestarse a ello. Pero, ¡ay! El infeliz, como Fígaro, no sabe a quién oír ni a cuál lado volverse. Las cien mil bocas de la prensa y de la tribuna le gritan a la vez: "Organiza el trabajo a los trabajadores. Extirpa el egoísmo. Reprime la insolencia y la tiranía el capital. Haz experimentos sobre el estiércol y sobre los huevos. Surca el país de rieles. Irriga los llanos. Puebla de árboles las montañas. Funda granjas modelos Funda talleres armoniosos. Coloniza Argelia. Amamanta a los niños. Instruye a la juventud. Asegura la vejez. Envía a los campos los habitantes de los pueblos. Pondera los beneficios de todas las industrias. Presta dinero sin interés a quienes lo deseen. Libera Italia, Polonia y Hungría. Eleva y perfecciona el caballo de silla. Estimula el arte, fórmanos músicos y bailarines. Prohíbe el comercio y, a la misma vez crea una marina mercante. Descubre la verdad y echa en nuestras cabezas una pizca de razón. El Estado tiene por misión esclarecer, desarrollar, agrandar, fortalecer, espiritualizar y santificar el alma de los pueblos." - "¡Eh! Señores, un poco de paciencia, responde el Estado, con un aire lastimoso. "Yo intentaré satisfacerlos, pero para ello me hacen falta algunos recursos. He preparado proyectos concernientes a cinco o seis impuestos totalmente nuevos y los más benignos del mundo. Ustedes querrán el placer de pagarlos". Pero entonces un gran grito se eleva: "¡Ah no! ¡Ah no! ¡Cuál sería el buen mérito de hacer cualquier cosa con recursos! No valdría la pena de llamarse Estado. Lejos de preocuparnos por nuevos impuestos, le conminamos a retirar los antiguos. Suprime: El impuesto de la sal; El impuesto de las bebidas; El impuesto de las cartas; La concesión; Las patentes; Las prestaciones."