¿Cómo se mide la mortalidad? Tratando de ayudar en la crisis por el coronavirus (COVID-19) Fernando Manzano 1 y Griselda Russo 2-3 La lamentable cantidad de muertes causada por el COVID-19 está en función de dos indicadores: el nivel de mortalidad 4 – o probabilidad de morir por esta enfermedad –, y la cantidad de población de una sociedad o área particular –siendo determinante, para esto último, la estructura de edad–. La sola información de la cantidad de muertes o el porcentaje de muertes debido al coronavirus 2019 –en adelante COVID-19 5 –, no nos permite saber cuál es el nivel de mortalidad de esta enfermedad en una población determinada, así como tampoco realizar comparaciones entre dos áreas geográficas, debido a que no cuenta con el registro de las edades en que fallece cada una de las personas a causa del COVID-19. Existen varios índices –ninguno de orden general–, que miden diferentes aspectos de la mortalidad, siendo los más utilizados: las tasas brutas de mortalidad; las tasas específicas de mortalidad por edad; las tasas brutas de mortalidad estandarizadas; las esperanzas de vida; los años de vida potencialmente perdidos; y los años de vida perdidos. Como consecuencia, el nivel de la mortalidad no es único, sino que es dependiente del índice que se utilice para medirlo, mientras que el cambio de la mortalidad representa el cambio experimentado por el “nivel” de mortalidad, tras producirse variaciones en la 1 Licenciado en Economía (UBA), Licenciado en Sociología (UBA) y Doctor en Demografía (UNC). Investigador Adjunto CONICET. Email: fernando14979@hotmail.com; https://www.researchgate.net/profile/Fernando_Ariel_Manzano 2 neuropsquiatras.com. Av. Forest 1179, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Rep. Argentina. Email: dragriseldarusso@gmail.com 3 Un agradecimiento especial al doctor Leandro de la Mota por los valiosos comentarios que permitieron mejorar notablemente el tema desarrollado. 4 El análisis demográfico de la mortalidad se basa en que los diversos aspectos del comportamiento de esta variable están relacionados a la estructura por edad y sexo, así como también de la composición por causas de muerte (Alba, 1974). La información para cuantificar la mortalidad se nutre de las estadísticas de defunciones y de la información de los censos de población. No obstante, los datos sobre las edades y los registros administrativos de las estadísticas vitales en la mayor parte de los países pueden ser incompletos o sesgados, afectando en alguna manera los resultados de los indicadores de mortalidad (Cardona, et al., 2008). 5 El COVID-19 se originó en Wuhan (China), y en poco tiempo esta enfermedad superó las fronteras geográficas y acrecentó las notificaciones de cantidad de casos en distintas regiones del mundo (Arteaga- Livias y Rodríguez-Morales, 2020)