138 Arquitectura y espacios Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe en el Monasterio de las Descalzas Reales Ángel Aterido Fernández UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID L a Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe es reco- nocida como uno de los máximos ejemplos del arte cortesano y de las devociones en el Madrid barroco [ g. 71]. Concentra una esmerada factura, un diseño sun- tuoso y un alambicado despliegue iconológico en torno a una imagen devocional, renovando y reinterpretando las tradiciones del propio monasterio que la alberga, sin olvidar el ineludible timbre dinástico que remacha toda intervención en la fundación de la princesa Juana de Habsburgo. Precisamente por el rango del monasterio y sus conexiones con palacio supondría un escalón impor- tante en la ascendente carrera de su artíce, quien aca- baría ocupando el puesto de maestro mayor de obras reales ( 1662 ) y pintor de cámara ( 1667 ). Sebastián de Herrera Barnuevo (1619-1671) no solo demostró en este altar un completo dominio de las tres artes, sino que dejó testimonio del renamiento alcanzado en la corte de Felipe IV, pues su formación y carrera fueron enteramen- te madrileñas. Al ser una de sus pocas obras conserva- das, constituye un vestigio de primer orden de un artista decisivo en la implantación del pleno barroco. La personalidad y liación de su promotora, sor Ana Dorotea de Austria, hija del emperador Rodolfo II, expli- can no solo la riqueza material del conjunto, sino la com- plejidad de un programa que desborda el habitual alha- jamiento de los altares secundarios que jalonan el monasterio. De hecho, esta estructura de pequeña capi- lla o retablo-hornacina cerrado con un cancel se prodiga por el edicio, tanto en los dos pisos del Claustro como en otros espacios, tales como el Antecoro, próximo a la galería este. Al igual que muchas de ellas, se dedica a una advocación mariana afecta a la comunidad, aunque la Virgen de Guadalupe resulta especialmente signica- tiva, porque se trata de una imagen incorporada por otra de las Habsburgo que profesaron en las Descalzas. Sor Margarita de la Cruz había visitado el santuario extreme- ño de Nuestra Señora de Guadalupe en 1582, coinci- diendo sus biógrafos en que la experiencia fue decisiva para su ingreso denitivo en el cenobio madrileño 1 . En fecha indeterminada y ya instalada en las Descalzas, la infanta colocó «en una de las estaciones del Claustro de las Señoras Descalzas Reales [...] un trasumpto de nuestra Señora de Guadalupe, al que hacia su esta todos los años» 2 . La estrecha relación entre sor Margarita y sor Ana Dorotea, quien creció y fue educada a cargo de aquella como si de una hija se tratara, sería por tanto la primera de las escenicaciones patentes en la capilla. Porque los vínculos entre las religiosas de la familia imperial de di- ferentes generaciones se materializaron en la transmisión de devociones y objetos de culto. A tenor de ello, sor Ana Dorotea promovió una drás- tica renovatio del viejo altar que construyera su tía, 01 Monasterios.indb 138 14/11/19 13:04