Título original: Menstruación y Sexualidad En prensa: Rojo, que te quiero roja por: Florencia Carbajal y Ornela Barone Zallocco disponible en: https://www.pagina12.com.ar/271491-rojo-que-te-quiero-roja La palabra tabú tiene al menos dos connotaciones. Por un lado, significa sagrado y por otro, peligroso, prohibido, impuro. La sangre menstrual quedó históricamente del segundo lado. Resulta extraño si pensamos que la mitad de la población menstrua una vez al mes durante 40 años, entre 400 y 500 veces en la vida, lo que equivale aproximadamente a unos 2.500 días. Sin ir más lejos, en nuestro país, en el 58.3% de los hogares hay al menos un cuerpo menstruante entre 13 y 50 años. ¿Por qué entonces prácticamente no se habla, ni se estudia, ni se investiga, ni se enseña sobre el ciclo menstrual? Este tabú tiene la forma estructural de una opresión social. O como dice Elise Thibeaut, hay una íntima relación de sometimiento entre “quienes tienen las reglas y quienes las hacen”. Existen tantas formas de menstruar como cuerpos que menstrúan. Menstruar como verbo depende de cómo se lo haga, en torno a qué prácticas, en qué contextos, con qué productos. ¿Qué información recibimos sobre ciclicidad y sexualidad cuando llega por primera vez nuestro sangrado? Camila de 13 años nos escribe sobre su menarquía: “Cuando me vino por primera vez no entendía nada y no quería decirlo. Se lo dije a mi mamá y lloré. Ella se lo contó a toda la familia. #trauma” Por su parte, Belén, 12 años escribe: “Mi mamá me dijo bueno, ya te hiciste señorita y me dió un paquete de toallitas. Mi papá me regaló flores. Yo fui al patio para hacer la vertical para asegurarme que podía seguir haciendo gimnasia artística esos días”. Nos resuena pensar que “La menstruación tiene mucho que ver con el feminismo porque es un tabú que te obliga a guardar silencio y a esconder qué te pasa durante la cuarta parte de tu vida, y esa es una herramienta muy eficiente para hacerte sentir mal. Conocerla es una cuestión de empoderamiento.” Mi sangre, Elise Thibeaut. Las formas en las que menstruamos, y lo que sentimos-decimos-pensamos cuando lo hacemos, las heredamos y las seguimos reproduciendo por medio de prácticas familiares, educativas, sanitarias y publicitarias. No es casual entonces que el sangrado menstrual aparezca invisibilizado en el espacio público-político. Aparece en bombachas diminutas, pantalones blancos,