Los límites de la comunicación y la pandemia: Crónica de unas decisiones (por ahora) afortunadas 1 LOS LÍMITES DE LA COMUNICACIÓN Y LA PANDEMIA: CRÓNICA DE UNAS DECISIONES (POR AHORA) AFORTUNADAS Por Amparo Marroquín, Profesora investigadora en el Departamento de Comunicación y Cultura. UCA. El Salvador entró en la escena de los medios y la comu- nicación internacional del 2019 con la noticia de una re- novación política. Un joven y carismático presidente había conseguido lo que para muchos era impensable: el fn del agotado bipartidismo y la renovación generacional para el ejecutivo. Nayib Buele llegó al poder con la batalla de la comunicación ganada con una estrategia que puso su énfasis en el buen uso de la data y las redes sociales. Con promesas como “derrotar a #LosMismosDeSiempre”, pe- dir a los políticos que “#DevuelvanLoRobado” y recordar que “#ElDineroAlcanzaCuandoNadieRoba”, Bukele tomó posesión como presidente el 1 de julio: más del 90% de la población aprobó sus primeras gestiones. La hegemonía comunicacional enfrentó la prime- ra crisis en noviembre de 2019 a partir de un problema de transparencia del director de Centros Penales, Osiris Luna, quien realizó un viaje a México en un jet privado, sin que nadie supiera cómo se había fnanciado dicho vuelo, el hashtag #QuiénPagóElViajeDeOsiris se volvió tendencia entre las personas que cuestionaron la negativa del go- bierno a transparentar lo que había sucedido. Un segundo acontecimiento que desgastó la aceptación del presidente ocurrió en enero de 2020, a raíz de una crisis en don- de distintos sectores de la población se vieron privados del acceso al agua potable. El 3 de febrero de 2020, una investigación periodística ventiló que el viaje del director Luna fue fnanciado por SeguriTech Integral Security, una empresa multimillonaria, especializada en servicios de vi- deovigilancia y cuestionada a raíz de una serie de contra- tos poco transparentes con el gobierno priísta de Enrique Peña Nieto (Arauz, 2020). Posterior a estas situaciones de crítica, el gobierno de Bukele inició una serie de ata- ques contra los diputados de la Asamblea Legislativa por supuestamente “no querer aprobar los préstamos que so- licitaba para un plan de control territorial que terminaría -por fn- con la violencia de las pandillas”. Los cuestiona- mientos y procedimientos burocráticos criticados por el presidente, concluyeron en un incidente de militarización del Congreso y amenazas de un autogolpe que le habría permitido disolver el congreso. La opinión pública había situado su agenda en dicha discusión cuando la pandemia se instaló en el mundo globalizado. El Salvador fue uno de los países con medidas más restrictivas durante la cuarentena y uno de los primeros en América Latina en cerrar fronteras y aplicar disposiciones para la prevención. A partir del 22 de marzo, se inició una cuarentena domiciliar absoluta y obligatoria. Sesenta días después, la popularidad del presidente Nayib Bukele man- tuvo un nivel alto de aprobación: el 92.5% de la población salvadoreña señaló que aprobaba su primer año de trabajo (Segura, 2020). La apuesta por el posicionamiento de su imagen en redes sociales y el cuidado para deslegitimar cualquier oposición ha sido uno de sus puntos fuertes, la pande- mia parece haber fortalecido dicha imagen. Pero no quiero perderme en este planteamiento entre los detalles anecdó- ticos de sus estrategias (¿o debo decir de su in-comunica- ción?), sino ofrecer algunas refexiones sobre los posibles límites, fronteras, márgenes, bordes de una comunicación que, como pocas, se fortalece con cada gesto. La pregunta es en parte si en el momento de mayor popularidad, existen grietas que puedan desplazarse de la periferia al centro, las grietas están, pero, ¿van a crecer? ¿Hasta dónde alcanza la comunicación para prolongar un liderazgo? He aquí cinco hipótesis sobre esos quiebres en una comunicación que en tiempos de crisis ha resultado exitosa, pero al mismo tiempo frágil.