¡CON-MUÉVETE Y MUEVE EL MUNDO! 133 Mover las fronteras: la danza movimiento terapia en la educación superior Rosa María Rodríguez y Manuel Carmona Fronterizos La palabra frontera se remonta al siglo xii y etimológicamente significa línea que señala los límites de los estados, pero también se emplea como espacio intermedio que sirve de paso entre dos estados colindantes. Los autores de este texto se sien- ten, así, que caminan entre dos o más estados, en este caso entre formas de hacer muy distintas en las instituciones de educación superior, desde las aceptadas por bien conocidas, que todos empleamos todos los días, hasta las que permanecen sin explorar. Pero, además, hay otra acepción para la palabra frontera, y es la de fachada, en la que siempre hay puertas. Frente a la idea de puertas expuestas a los intrusos y que hay que defender, a nosotros nos gusta pensar en puertas que permiten el in- tercambio entre distintas posiciones, ideas, conocimientos, titulaciones. Puertas sin puerta, puertas en las que comienza el proceso de acogida a partir del cual todo lo demás, el estimulante proceso de enseñanza-aprendizaje, tiene lugar. Nuestra trayectoria sostiene este lugar de «espacio intermedio», de «apertu- ra», de «búsqueda», de «movimiento», de «acogida», de «re-conocimiento». Somos una docente e investigadora doctora en Ciencias Físicas, que fue en su momento también bailarina profesional y que vive empeñada en introducir la danza movi- miento terapia (DMT), el cuerpo y sus manifestaciones no verbales en entornos educativos creando espacios de aprendizaje y desarrollo más saludables; y un in- vestigador reconocido en el ámbito de los alimentos, licenciado en Ciencias Quími- cas y doctor en Ciencia e Ingeniería Agraria, que no cree en la jerarquía docen- te-alumno y que explora nuevos modos de sembrar en los estudiantes el virtuoso y difícil camino de la búsqueda de la sabiduría. Ambos queremos compartir un viaje en el que se desgranan las distintas etapas por las que hemos pasado hasta el mo- mento actual, y la situación en relación con la investigación en la educación supe- rior y la introducción de recursos corporales, en particular de DMT, desde los pri- meros talleres formativos para profesores hasta la creación de proyectos de investigación de mayor complejidad, en los cuales se involucra a profesionales de áreas de conocimiento muy diversas. ¡CON-MUÉVETE Y MUEVE EL MUNDO! 134 Nuestro planeta, el de la educación superior El 19 de junio de 1999, 29 estados miembros de la Comunidad Europea suscribieron la denominada Declaración de Bolonia. En ella se establecen las bases para la cons- trucción de un espacio europeo de educación superior (EEES), entre cuyos objetivos se encuentran la adopción de un sistema fácilmente legible y comparable de titula- ciones en Europa, a través de un sistema de créditos (ECTS), y la promoción de la cooperación europea para el desarrollo de criterios y metodologías comparables. La entrada en funcionamiento del EEES ha supuesto un cambio muy grande en el para- digma educativo universitario al incorporar en el diseño de los nuevos títulos, ade- más de contenidos técnicos, el desarrollo de competencias transversales que permi- tan mejorar la inclusión en el ámbito laboral de los futuros diplomados y facilitar su movilidad a través de Europa (Terrón et al., 2012). Además, el informe Delors (1996, p. 9) de la Comunidad Europea postula que la educación debe basarse en cuatro pi- lares fundamentales: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser; y afirma: «La educación constituye un instrumento indispensable para que la humanidad pueda progresar hacia los ideales de paz, libertad y justicia social». Tradicionalmente, la universidad se ha centrado en los dos primeros pilares, pero ha dejado un tanto de lado los dos segundos, que tocan lo que la persona es en su esencia y cómo desde ahí construye las relaciones con los demás. En lo que respecta a las personas que se forman en la universidad, la sociedad en la que estamos inmersos precisa de profesionales capaces de trabajar en entor- nos multiculturales en los cuales capacidades como el pensamiento crítico, la ca- pacidad de escucha y diálogo y el respeto a la diversidad son clave para generar so- ciedades más libres y felices (Rodríguez et al., 2012). Pero estas capacidades no se pueden construir si no es desde la propia esencia del individuo, lo que le constituye como tal, es decir, desde un autoconocimiento que le permita comprender sus mo- tivaciones, necesidades y modos de ser y estar; conocer sus respuestas ante distin- tos impulsos y tomar conciencia de sus fortalezas y debilidades. En definitiva, un autoconocimiento que le posibilite construirse y reconstruirse continuamente. La adquisición de herramientas técnicas y de recursos competenciales no puede ser completa si la formación no contempla esta dimensión de la persona orientándose de dentro hacia fuera (Buxarrais y Burguet, 2016). En lo referente a los formadores encargados de proveer esa formación a los fu- turos diplomados, también se les plantean grandes desafíos. No solo deben tratar de transmitir el conocimiento de un modo adecuado, sino también resolver dificul- tades con alumnos de procedencia y características muy diversas, superar evalua- ciones externas periódicas sobre el propio desempeño docente, responsabilizarse de tareas de gestión añadidas, etc. Actividades que acaban dando lugar a un colec-