APELLIDOS TRADICIONALES DE LA PROVINCIA DE ALMERÍA ROBERT POCKLINGTON Los apellidos se heredan de generación en generación y constituyen la seña de identidad de cada familia. Resultan, además, imprescindibles para diferenciar entre las muchas personas que comparten el mismo nombre de pila. No siempre ha sido así. En la Alta Edad Media, cuando las poblaciones eran escasas y se disponía de una amplia gama de nombres propios, un solo nombre o apodo era a menudo suficiente para cubrir las necesidades identificativas, como se comprueba en los documentos de los siglos IX y X. Sin embargo, con el crecimiento demográfico de los siglos XII-XIII y la propagación de la moda de imponer a los hijos un número reducido de nombres de pila cristianos, se fueron introduciendo los apellidos como una manera de diferenciar formalmente entre las muchas personas que tenían el mismo nombre propio. ¿De dónde salieron los apellidos? Si analizamos cuidadosamente sus significados, observamos que procedieron de uno de los siguientes orígenes: el nombre del padre o la madre, el lugar de procedencia, el nombre de oficio, el apodo personal. Al ser el apellido un nombre heredado, es lógico que su significado no tenga relación con las circunstancias de su portador actual, sino con las del primer miembro de la familia que llevó ese nombre, iniciando el linaje. En este estudio se clasificarán los apellidos según su pertenencia a una u otra de las siguientes categorías: 1. Apellido toponímico: es el tipo más frecuente de apellido, creado a partir del nombre del lugar de procedencia del primer portador. Se aplicará la denominación apellido toponímico a los que se derivan de nombres de lugar identificables, como por ejemplo: Córdoba, Burgos, Alcarria, Milán, Alcoy. Inicialmente estos apellidos incluían la preposición de, y a veces también el artículo determinado, como en los siguientes ejemplos: Juan de Ávila, José Martínez de Valladolid, Martín del Escorial, María Gómez de la Peña. En general estas partículas se han perdido, aunque a veces se han adherido al apellido: Despinosa, Dervás, Lacasa, Lostal, Lirola. 2. Patronímico: es un apellido derivado, mediante un prefijo o sufijo, del nombre del padre del primer portador. Los patronímicos castellanos más frecuentes se derivan, mediante la terminación -ez, del nombre del padre: Martínez < Martín, González < Gonzalo. Una segunda clase de patronímicos, más antiguos, se remontan al caso genitivo (posesivo) de los nombres latinos, por ejemplo Lorente < LAURENTII ‘de Lorenzo’, frente al nombre de pila Lorenzo < LAURENTIUS. Tienen el mismo origen los apellidos italianos en -i: Martini < MARTĪNI ‘de Martín’. Los patronímicos de origen árabe comienzan con Ben- o Aben (< ibn ‘hijo de’). Todos estos patronímicos datan como mínimo de la Edad 85